Las diez mejores ideas para una política de asilo más humana

Europa viola constantemente los derechos humanos en la vigilancia de sus fronteras. Pero eso podría ser diferente.

Tras tres meses recorriendo las fronteras de Europa, los reporteros Karel Smoute, Tomás Vanheste y Maite Vermeulen han elaborado este magnífico artículo con estas diez propuestas e ideas para unas políticas de asilo más humanas, que me he permitido la licencia de traducir.

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Ilustración de Wijtze Valkema, para De Correspondent

Ilustración de Wijtze Valkema, para De Correspondent

Originalmente el texto se publicó ayer en holandés, en la revista digital de pago De Correspondent.

El decálogo ha sido compuesto en base a la propia experiencia de los periodistas con ayuda de ONGs, los testimonios de varias decenas de refugiados, políticos y varios abogados especializados en asilo.

Aquí, el artículo original en holandés: ‘De tien beste ideeën voor een humaan asielbeleid’

Precisamente para este medio han relatado en una extensa serie de reportajes las miserias que refugiados y migrantes afrontan en las verjas europeas en Grecia, Turquía, España y Bulgaria, las precarias condiciones de hacinamiento y falta de asistencia en los centros de detención e internamiento en Malta, Melilla y el sur de Italia, las muertes en el mar o en los ríos, los kafkianos tratados de devolución de solicitantes de asilo y la descoordinación entre estados de la UE. E incluso lo caro que resulta para los ciudadanos y lo lucrativo que es este negocio de la xenofobia y la vigilancia para algunas empresas y particulares.

Eso es periodismo: ir, ver, entender y explicar. Y después, artículos como el que viene a continuación que analizan, opinan y proponen.

 

1.
Iniciar los procedimientos de asilo en una embajada europea

Actualmente los procedimientos de asilo sólo se pueden iniciar al pisar suelo europeo. Así los migrantes que se dirijan a Europa para exiliarse seguirán viniendo, pero ¿no podrían hacerlo antes de iniciar el viaje? Parece un proceso bastante lógico que antes de un periplo tan costoso, peligroso y arriesgado pudiesen obtener información y asistencia legal, con el fin de estimar sus posibilidades, en la embajada europea más cercana en su propio país de origen o un país vecino que fuese seguro y hacer que su viaje merezca la pena.

Se evitaría así por lo menos que miles de personas no quedasen atascadas en lugares inhóspitos, no fuesen objeto de cambio de las mafias y los traficantes de personas.  Y viajarían documentados con un visado expedido en Europa.

Nota propia: La realidad, tal y como yo pude comprobar hace años es que no solo no se emiten visados en las embajadas europeas de muchos países en vías de desarrollo, si no que además cuando se sospecha que alguna persona pretende viajar a Europa para solicitar asilo,  la norma no escrita es denegarles el visado de viaje. Empujándolos sin remedio a la clandestinidad.

 

2.
Diseñar un “corredor humanitario”

Cuentan los reporteros holandeses que a lo largo de su viaje, han visto en las fronteras europeas el llamado “efecto cama elástica”: refugiados rebotando de un lado para otro. Lo explican así: Usted construye una enorme valla en Grecia, así que después, todo el flujo migratorio se mueve a Bulgaria. Entonces, cierras también Bulgaria y los pasos de personas se amontonan en barcos hacia Malta y Ucrania.

¿Cómo evitar eso? Construir corredores humanitarios: pasos fronterizos, lugares donde se garantice una atención digna y procedimientos justos para aquellos que pretendan solicitar asilo: con establecimientos acondicionados, espacio suficiente y soporte médico en los casos que sea necesario. Especialmente en situaciones de emergencia graves como ahora en Siria, Sudán del Sur o Irak. Mientras, se conceden visados humanitarias a fin de evitar que muchas personas sigan entrando clandestinamente o con visados de turistas a fin de conseguir en el futuro asistencia como refugiado.

Los límites de ese corredor no solo tienen que ser físicos, también en conceptos: limitar bien cuales son las condiciones para acogerse a esa protección.

 

3.
Cambiar el sistema de Dublin II por una distribución equitativa

Actualmente no existe un sistema europeo armonizado de asilo, una de las normativas que marcan las pautas entre estados miembro de la UE es el llamado tratado de Dublin II. En pocas palabras, significa que el primer país europeo de destino al que llegan los refugiados es también el lugar donde el solicitante de asilo debe quedarse.

Esta es y ha sido la gran espina de los países que procesan las solicitudes de asilo en la UE, porque obviamente los que mayor carga tienen son los estados periféricos: Grecia, Italia, Bulgaria, España o Malta. Además de ser los más castigados por la crisis financiera. Tanto eurodiputados de derechas o de izquierdas han confesado a los autores de este decálogo que sería mucho más sensato que cada estado europeo acogiese solicitantes de asilo de forma solidaria con otros estados. Se podrían pactar cuotas en función de la capacidad y los recursos financieros de cada estado.

España por ejemplo el año pasado tan solo acogió a 80 nuevos refugiados, treinta de ellos, sirios. Mientras, Turquía o Jordania acogieron a más medio millón de personas cada uno. O Malta, que es el estado de la UE con mayor tasa de refugiados por habitante y uno de los diez primeros del mundo.

 

4.
Invertir tanto en asesoramiento como en vigilancia

La Oficina Europea de Apoyo al Asilo (EASO, en inglés) se creó en Malta en 2011, es un órgano consultivo para los estados miembro de la UE y su tarea es asesorar, apoyar y quizás algún día forjar algo que se parezca a un sistema europeo de asilo armonizado. Pero eso está muy lejos. “Queremos pero no podemos, no tenemos suficiente dinero”, dicen desde la EASO.

Mientras, la EASO maneja un presupuesto de 12 millones de euros; la Frontex, ese mini ejército con sede en Varsovia llamado “organismo europeo de seguridad fronteriza” tiene un presupuesto de más de 118 millones de euros por año. Algo bastante generoso si tenemos en cuenta que a la Europol, la agencia con la que Europa lucha contra la delincuencia internacional, la Comisión Europea destina 85 millones de euros. Si se quisiesen evitar situaciones de vulnerabilidad de derechos humanos como ocurre en Grecia o Bulgaria, la EASO debería tener tantos recursos como la Frontex.

 

5.
Difundir información veraz en los países de origen

Tan simple como no llamar a la gente a engaño. No hay información veraz sobre los procedimientos de asilo ni de migración. Los solicitantes de asilo muy a menudo se mezclan con gente que utiliza estos procedimientos como un trampolín para migrar a Europa, en la que desaparecen más tarde. Y también ocurre al revés: hace años era común ver a refugiados recolectando tomates en España e Italia. Trabajando simultáneamente mientras buscaban protección internacional. Desesperados. Eso solo conlleva a confusiones. Y a argumentos como “estos no son verdaderos refugiados”.

Aunque todavía sea cuestionable que huir de pobreza sea menos legítimo que huir de la guerra, es cierto que para ambos colectivos hay muchas diferencias entre la imagen y los anhelos que tiene de Europa (búsqueda de derechos, protección humanitaria o búsqueda de progreso y proyección personal) y lo que se encuentran.

Aunque ofrecer una foto realista de lo que es posible o no es posible en Europa, ofrecer información veraz, mostrar hechos concretos e incluso tratar de disuadir a estas personas mediante argumentos de que emprendan estos viajes desde sus países de origen nunca eliminará la esperanza de muchos de buscarse una vida en otro lugar, sin duda ayudaría a minimizar las falsas expectativas y el número de personas que arriesgan su vida.

 

6.
Separar trabajo y residencia permanente

A menudo las embajadas, agencias y los propios gobiernos han vinculado el derecho de residencia a tener ya un permiso de trabajo o un contrato. Con esto una vez más estamos confundiendo a la gente. Y también se ha permitido que esos “refugiados económicos” o migrantes abusasen de los procedimientos de asilo.

Quien viaja a Europa a menudo identifica a nuestro continente con una idea global de derechos y obligaciones. Y que obtener la “ciudadanía” es sinónimo de obtener todo el paquete, como trabajo o seguridad social. Una forma explícita de regular esto, dicen los expertos, sería no relacionar directamente el trabajo o los programas de trabajo con la obtención de “residencia permanente”. Que hubiese más oportunidades de trabajo temporal o programas de residencia temporal. Es un poco complejo y más en la actual situación de crisis. Pero pocas veces se utilizan las vías legales para obtener esos empleos.

 

7.
Un ‘Plan Marshall’ para los países que acaban de salir de un conflicto

Tras la II Guerra Mundial lo que evitó un éxodo masivo de holandeses, franceses o alemanes hacia Canadá, EEUU o Australia fueron los generosos fondos del Plan Marshall que se centraron hacer resurgir Europa e invertir en la economía de estos países hasta que saliesen adelante.

Los primeros años después de un conflicto resultan cruciales para la reconstrucción de un país. Si no, aun cuando un conflicto aparentemente termina pasan muchos años hasta que los refugiados regresan o dejan de marcharse. La estabilización y el florecimiento de de oportunidades son claves. La condición es, por supuesto, que el dinero esté bien gastado.

 

8.
No vigile sólo las fronteras, también a los vigilantes

Supongamos que todas las anteriores propuestas se consideran demasiado revolucionarias, progresistas y radicales. Lo mínimo que Europa podría hacer para prevenir los abusos en su frontera externa es ser más celosa en el cumplimiento de los derechos humanos y velar por la dignidad de las personas. Y por ahora, según muchos expertos, esta vigilancia es muy deficitaria. Se sigue sin permitir el acceso a medios de comunicación y organizaciones humanitarias a muchos de los centros de internamiento para extranjeros, poco se sabe de los vuelos y los viajes de repatriación de migrantes, de las condiciones de acogida de los menores. La Frontex tiene ahora un servicio de expertos en derechos humanos que la asesora.

 

9. Aceptemos la realidad:
la migración existe

El fenómeno migratorio y el desplazamiento forzoso de personas es una realidad que existe, está aquí y vamos a convivir con ella.

Según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) el año 2012 –aun no hay datos definitivos del pasado 2013 pero la cifra será sin duda mayor– cerró con 45,2 millones de personas que abandonaron sus hogares a la fuerza, la mayor cifra desde 1994, cuando los conflictos en los Balcanes y Ruanda llenaron los campos de refugiados y colocaron esta cifra en los 47 millones. Esta semana las Naciones Unidas anunciaron que en 2014, un número récord de personas estará en situaciones de emergencia humanitaria: 52 millones. Es una utopía pensar que ninguna de esas personas tratará de llegar a Europa buscando refugio.

 

10. El Plan B:
Rompamos los tratados y convenciones

Si ninguna de las anteriores propuestas se ponen en marcha, finalmente los autores del artículo proponen que seamos tan honestos como para admitir que no queremos más inmigrantes en Europa.

Y que nuestra política de fronteras no tiene nada que ver con la lucha contra la trata de personas o para salvar vidas en el mar. Solo contra la lucha de migrantes pobres, ya que en la “región” algunos estados como España ya han abierto sus puertas a todos aquellos que estén dispuestos a comprar una vivienda y distribuir así permisos de residencia a multimillonarios extranjeros.

La última alternativa entonces es romper con la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 de la que la mayoría de los estados europeos son firmantes. Este plan B ha sido propuesto recientemente en Holanda por el parlamentario de derechas Sietse Fritsma, del Partido por la Libertad. Eso significaría que ningún tratado internacional nos obliga ni compromete acoger a los solicitantes de asilo.

Sin duda, remarcan los autores, estas decisiones afearían la imagen internacional de la Unión Europa, que ya se metió en el bolsillo el Premio Nobel de la Paz recientemente. Pero el plan no tiene ninguna pretensión de preservar la imagen de “buenismo” que tiene Europa, si no de ser el escenario más realista.
Un asilo insensible e insolidario sería una mala noticia, dicen, pero nos liberaría de algo más vergonzante que es una política tan estricta como la actual que sin embargo se trata de promocionar como “justa”. Y que provoca que la UE se mueva en una ambigua y constante violación de los derechos humanos.

La tragedia política actual es que los europeos ofrecemos el mejor sistema de asilo del mundo, pero que sin embargo lo hemos convertido –al tiempo- en inalcanzable e inaccesible para todas aquellas personas vulnerables y que son más dependientes de él. Por que lo que las empujamos a ponerse en manos de las mafias, los traficantes de personas, rutas de alto riesgo para sus vidas y precios desorbitados.

 

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Antes de comenzar este decálogo, ambos periodistas parten de la premisa de que vivimos anestesiados ante en dolor de las fronteras. Por mucho que mañana los principales periódicos de Europa abriesen con el titular de “Violan los derechos humanos en la frontera europea a gran escala” con imágenes de refugiados sirios siendo apaleados durante una detención rutinaria de la fuerzas fronterizas de la UE, los reporteros creen que no pasaría mucho al día siguiente.

Los vídeos de africanos despellejándose en la verja de Melilla o malviviendo en los bosques de Marruecos frente a España son una película vieja, dicen, y el mundo sigue girando. “Existe la creencia extendida entre los europeos de que el mantenimiento del control de las fronteras no es posible sin mancharse las manos y que es un mal necesario jugar sucio”.

Al igual que muchas personas se encogen de hombros sobre los escándalos de espionaje, ya que son “sólo” la única forma de garantizar nuestra seguridad. El argumento es el de siempre: no hay alternativa. Tenemos que hacerlo. Con este decálogo y esta investigación de tres meses han pretendido demostrar que una buena política de fronteras puede ser mucho más barata para el contribuyente y que violar los derechos humanos no es un mal necesario.

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