Minerita: primer aniversario con premio

Hay aniversarios raros. Algunos que quieres celebrar y no sabes cómo. Este es motivo de alegría. Hace un año exactamente, poco antes de la noche de Reyes, Raúl de la Fuente y Axel O’Mill daban indicaciones al taxista para que condujese a toda pastilla por las retorcidas y asfixiantes subidas de Potosí hacia el hospital, mientras me daban sopapos en la cara y me preguntaban si quería desayunar huevos con jamón y me enchufaban una bombona de oxígeno. Mientras yo balbuceaba palabras sin sentido. Entré al Seguro Social Universitario de Potosí en estado de shock séptico, con medio cuerpo apagando los motores: un fallo multiorgánico de riñón, hígado y pulmón. Y el corazón a punto de colapsar. Pero la resistencia, el alambre que hay dentro y la coraza son de buena fabricación y aguantó un poco más, por lo que parece.

Un súbito y repentino edema pulmonar de altura me había inundado los pulmones en tan solo una noche, dejando tan solo una pequeña rendija para respirar en un charco de sangre. El edema pulmonar de altura es así, súbito, traicionero, repentino y letal en pocas horas. A pesar de mi experiencia en Bolivia y en territorios de gran altitud, nada tiene que ver. Todos somos una cosita frágil cuando nos deja de soplar el aire. Al llegar a la clínica dormí durante cinco o seis días sin recordar nada de los que pasó durante ese tiempo. Estaba en coma en la camilla de un hospital a 4.000 metros en Potosí.

Era enero de 2013 y mi tercer viaje a Bolivia, una vez más para continuar una historia que comencé allá en 2009 con Ander Izagirre sobre los niños mineros de Bolivia y las mujeres del Cerro Rico. Una historia que sin duda cambió nuestras vidas, la forma en la que hacemos periodismo y también cómo enfocamos muchos de los acontecimientos que vinieron después, en lo personal y en lo profesional. Todavía creo yo cambió mucho más después de aquel enero.

Esta vez estaba acompañando al director navarro Raúl de la Fuente que pretendía grabar un corto documental sobre las vidas de estas mujeres y algunas de las niñas mineras que Ander y yo habíamos conocido. Éramos un equipo pequeñito, él -como director y cámara principal- y Axel como sonido y yo como asistente, foto fija, periodista, documentalista. Aunque… finalmente solo me dediqué a respirar. Y bastante hice.

Mientras yo dormía pasaron muchas cosas, algunas maravillosas, algunas ya las relaté en su momento. Otras, que quizás contaré en los próximos días. Historias que tienen protagonistas como Alex Ayala, que aunque a veces no lo cuido mucho en la distancia, es mi hermano mayor. Alex abandonó esos días a su mujer y su hija, aplazó todos sus compromisos laborales y cuidó de mi y mis padres que cruzaron medio mundo guiados por la fe y el amor de verme vivo más que por el miedo. La familia de Alex es y será para siempre la mía. También me reencontré con Abigaíl, la niña minera de nuestro reportaje de 2009. Y mientras esto ocurría Raúl y Axel lograron terminar un documental sobre las mujeres del Cerro Rico de Potosí, muchachas y señoras fuertes, recias y valientes.

Hoy, 7 de enero de 2014, pase lo que pase después, ese documental ‘Minerita’ ha sido nominado entre los cuatro finalistas a los Premios Goya 2014 de la Academia del Cine Español como ‘mejor cortometraje documental’. Yo me alegro por ellos, por Raúl, por Axel, por Amaia, por Mikel y por Abigaíl, Lucía e Ivonne.

Ya lo dije en su momento, hay en Bolivia, algo poderoso, algo que me da y me quita la vida: gente buena, tierra hostil, dura, árida y montañas ingobernables. Una energía brutal y salvaje. Lo del Goya está bien para esos dos fenómenos que lograron terminar tan accidentado rodaje, que han presentado el film en una docena de festivales de medio mundo y a los que la Academia del Cine ya ha premiado seleccionándolos por ser un trabajo excelente y no por tener un periodista paleto postrado en una cama.

Para mi, mi premio fue descubrir que esa energía tan poderosa que estaba en Bolivia, no estaba allí, sino que estaba principalmente en Pamplona, en Madrid, en Montevideo, en África, en Asia, y en todos los sitios en los que está la gente que nos quiere y que forma parte de nuestra vida. Cerca o lejos. A las buenas y a las malas. Y también en toda esa gente sencilla y amable que lucha por salir todos los días adelante en el Cerro Rico. En el “a pesar de todo”. Es un sentimiento salvaje. Es como la asfixia del edema, pero al revés. Te llena y te hincha de energía y da aire por mucho tiempo. Y te hace sentir vivo. Y a veces se nos olvida.

Así que feliz primer aniversario. Y enhorabuena al equipo de rodaje. Siento que me asfixio con tanto aire. Y tan bueno.

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