La detención de Sinyakov: periodismo en Kolimá

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Hay periodistas. Hay periodistas valientes. En la redacción. En las calles. En las trincheras.  Algunos llevan sobre la camisa el peso del chaleco antibalas. Hay reporteros valientes que van y vienen por carreteras polvorientas. Los reporteros van y vienen. Algunos, vienen más tarde. Otros, por desgracia, no regresan ni siquiera tarde.

También hay periodistas. Periodistas peligrosos, inconvenientes, incómodos, indeseables. Son de esos que se dedican a abrir rendijas de luz en los lugares donde aparentemente no ocurre nada. Los que ni van ni vienen. A menudo hasta se quedan en casa. En sus casas. Denis Sinyakov es uno de esos periodistas. Muy peligroso. Tanto que esta semana ha sido detenido por las autoridades rusas con dos meses de prisión preventiva y se enfrenta a una pena mínima de 10 años de cárcel. Está acusado de piratería y formar parte de un grupo organizado, que es nada más y nada menos que la asociación ecologista Greenpeace.

Durante los últimos años, Sinyakov (Obninsk, 1977) se ha dedicado como freelance, para la agencia AFP primero y para Reuters después, a recorrer algunas de las esquinas más recónditas de su país, de la Federación Rusa, en busca de historias incómodas.

Jamás supe qué cara tenía Sinyakov hasta verlo esta semana en la vista para el juicio. Ni siquiera sabía que había llevado un chaleco antibalas tanto en el frente en la guerra de Georgia y Osetia, como en la de Afganistán, en Líbano o en el Kurdistán o las mantazas de Adiján en 2005, pero que ha sido en el patio del norte de su país, en Siberia, donde se ha enfrentado a mayores amenazas y presiones.

Ha encarado y confrontado a la oligarquía que gobierna su país con fotografías de esquimales felices y despreocupados comiendo pescado. Un arma difícil de rebatir.

Uno de sus trabajos que más me fascinan es precisamente ese que publicó en 2006 con la agencia Reuters sobre los pueblos del norte de Siberia. “Las tribus nenet que habitan la península de Yamal, en la Federación Rusa, han sobrevivido a los zares, a la revolución bolchevique y a la caótica década de los noventa. Y sin embargo, es ahora cuando se enfrentan a su mayor reto hasta la fecha, porque el subsuelo bajo sus pies cubiertos de pieles alberga unas reservas de dieciséis billones de metros cúbicos de gas. Yamal supera ya el 90 por ciento de la producción gasística de Gazprom, el gigante estatal de sector energético”, reza el comienzo del reportaje.

La península de Yamal se encuentra en el interior del círculo polar ártico, a 2.000 kilómetros al nordeste de Moscú. Durante varios viajes en los que Sinyakov realizó para estar con los nenets, gran parte transcurrió en el simple hecho de llegar hasta ellos. Son tribus nómadas se desplazan más de 150 kilómetros al año y no paran más de un par de días en cada lugar.

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Denis Sinyakov es uno de los fotorreporteros que más me gustan y cuyo trabajo –sobre todo sus historias- más me inspiran. Cuando he impartido cursos de fotoperiodismo, mis alumnos/as saben que me gusta mostrar el trabajo de los nenets de  Denis Sinyakov y confrontarlo al lado del de otros fotoperiodistas como Yuri Korizev,  Sebastião Salgado, o Eugenia Arbugaeva sobre el mismo tema. Son ejemplos de cómo abordar un mismo tema desde diferentes enfoques estéticos y narrativos. Todos ellos magníficos.

Pero de Sinyakov me gusta su lentitud, su gran afrenta en este tema y en otros es su capacidad de convivir con esos últimos esquimales rusos, compartir calor de la lumbre de sus lámparas de queroseno al abrigo de sus tiendas de piel, ser fagocitado por los mosquitos de la tundra, fotografiar la caza del reno. Y sobre todo ser su cómplice y llegar al meollo del asunto.

En el reportaje de 2006 sobre los nenets, una “anciana” esquimal, Valentina de 52 años, le dice al reportero: “Rezo para que Gazprom no nos cambie. Quiero que mis nietos vean nuestra tierra como es: hermosa, fresca, llena de frutos y de venados”.

Y esto, esto es absolutamente subversivo en un país como Rusia, que con la detención de Sinyakov el pasado jueves sienta un triste y peligroso precedente antidemocrático (uno más) contra la libertad de prensa.

Denis Sinyakov fue detenido el pasado 18 de septiembre junto a otra veintena de personas mientras viajaba en calidad de fotorreportero freelance a bordo del buque de Greenpeace, Artic Sunrise. Su tarea era documentar la acción del grupo ecologista. El barco de bandera holandesa navegaba por el mar de Kara, en el ártico ruso, para denunciar las prospecciones de gas y energías fósiles por la petrolera rusa Rosneft y la estadounidense ExxonMobil.

Aparentemente el barco de los ecologistas fue abordado por las autoridades rusas «a punta de pistola”. “Redujeron a todos y rompieron los equipos de comunicación», según fuentes de Greenpeace y como demuestran algunos vídeos difundidos por la organización. Desde la Administración de la Ruta Marítima del Norte (ARMN), afirman que el organismo ruso rechazó varias solicitudes de Greenpeace con el argumento de que la clasificación del Arctic Sunrise no estaba debidamente certificada así como un intento de abordaje a una plataforma petrolífera.

Del grupo de 30 detenidos hay activistas de hasta dieciocho nacionalidades junto a la tripulación del buque –entre ellos los argentinos Camila Speziale, de 21 años, una estudiante de fotografía alistada en la organización desde los 17 años, y Miguel Hernán Pérez Orsi, parte de Greenpeace Internacional–. Todos ellos han sido acusados de «piratería», un delito pasible de hasta 15 años de prisión.

El reportero Denis Sinyakov fue, junto al capitán del barco, Peter Wilcox, unos de los primeros en declarar ante la corte de Mumarsk. Allí el periodista insistió durante su comparecencia ante el tribunal en que únicamente fotografió la acción de la organización ecologista y en que no tomó parte en los hechos.

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El 13 de septiembre, Denis colgaba en su Facebook esta foto de una aurora boreal desde la cabina del Artic Sunrise.»Es el mejor encargo que he tenido como periodista», decía.

El tribunal decidió ordenar su detención por considerar que el fotógrafo, al trabajar para Greenpeace, se desplazaba con frecuencia al exterior, por lo que podría abandonar el país. Por tanto, Sinyakov permanecerá «detenido dos meses hasta el 24 de noviembre» de forma preventiva a la espera del juicio, informó Greenpeace Rusia en su cuenta de Twitter.

Sinyakov también se había metido en problemas cuando hizo un reportaje titulado “los parias de Rusia” sobre los inmigrantes que llegan desde las antiguas repúblicas ex soviéticas de Asia Central como Uzbekistán, Tayikistán o Kirguistán y malviven hacinados en Moscú y otras grandes ciudades alimentando el mercado de los sobornos y las mafias para conseguir permisos de trabajo. La mayoría de los hijos de estos inmigrantes ni si quiera aparecen en los registros de población. No existen. O cuando documentó las vidas de los residentes de Muslyumovo, una aldea que estuvo expuesta a 76 millones de metros cúbicos de residuos radiactivos tirados en el riachuelo de su localidad durante décadas. Tan solo hace unos años se pensó en la posibilidad de reasentar a sus habitantes.

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Denis Sinyakov no ha sido secuestrado por ninguna guerrilla, sino por la burocracia. Por las cárceles, que a veces con papel y otras con dinero, amordazan a la prensa y son, aparentemente, legales. Hay periodistas. Y hay periodistas valientes. Silenciosos. Honestos y comprometidos.

Denis Sinyakov: «La única actividad criminal por la que soy castigado se llama periodismo. Y lo seguiré ejerciendo».

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