Huelgazaneemos todos juntos en la lucha final

¡Freelances, parados/as, desocupadas/os, estudiantes, autónomas/os del mundo, desheredados de la tierra, uníos!

Desde el confort del salón de mi piso (al que no sé si podré seguir pagando el alquiler mucho tiempo), que es a la vez comedor, salón recreativo, rincón erótico, biblioteca y, ah, sí, y mi sala de redacción, elaboro este atolondrado manifiesto.

CONSIDERACIONES PREVIAS:

Primera.
Considero humildemente que la huelga, parar el sistema de producción, es una herramienta de cambio social agotada. Una reliquia del s. XIX. Posiblemente en muchas industrias, servicios y sectores, están hoy encantados de que se pare la producción. Por otro lado, con un desempleo del 25% y mucha gente que no se puede permitir tristemente parar un día de salario, se hace muy difícil para muchas ciudadanas/os interrumpir su inexistente empleo o mostrar su disconformidad en esos términos clásicos. Por eso, este manifiesto.

Quizás se haga un flaco favor parando la producción y eso de horadar el beneficio del patrón suena a tufo decimonónico. Puede que sí. En muchos lugares y hogares, la pequeña y mediana empresaria/o, la cooperativista y las autónomas/os están del mismo lado que las trabajadoras/es, de hecho son trabajadores/as. Y muchas van a la huelga.  El lenguaje de los sindicatos está ya muy superado por una sociedad postindustrial en la que vivimos que se basa en el ocio y el consumo. Y salvo inminente destrucción, en la clase media. Pero que tiene un problema grave: quién se hace cargo de las reivindicaciones de aquellas que ni siquiera son trabajadoras como desempleadas, estudiantes, dependientes, migrantes, etc. Supongo que nosotras/os mismas/os.

Si algún día se cambia la ley hipotecaria o se detienen de verdad los desahucios habrá sido gracias a las plataformas ciudadanas y algunos mártires que han sido empujados al suicidio. No gracias a sindicatos ni políticos.

Pero a pesar de eso, el argumento del miedo que usa el gobierno y la patronal es el mismo que nos ha tenido cogidos por los… apéndices: “No hagáis huelga que va a ir todo peor”. El mismo miedo argumental que hace que en vez de pelear por los derechos y el bienestar común de otras/os que como nosotras/os están en situaciones precarias no hagamos nada. Y con especial vergüenza, los sindicatos y otras gentes que en público y en privado durante mucho tiempo sólo se han preocupado de conservar su pequeña parcela de confort, poder y autocomplacencia. Durante mucho tiempo hemos sigo vagas/os y laxas/os en salvar sólo el propio pellejo.

Segunda.
Por eso mismo. La mayoría de los sindicatos clásicos siguen usando ese lenguaje y esos términos porque son al igual que la huelga herramientas del siglo pasado. Están obsoletos, reciben dinero del poder, y han hecho poco o muy poco por las personas sin contrato, desempleadas/os y parias en general. Somos muchos los que no creemos en ellos. Pero también han sido son muchos los/las que esperan que colectivos como los sindicatos les solucionen sus reivindicaciones sin mojarse ellos el culito.

Por eso, yo asumo individual y personalmente mi responsabilidad en este asunto: el primero que debo velar por mis derechos y por el de otras compañeras/os de profesión, por otros ciudadanos/as en situación vulnerable soy yo mismo. Debo ser responsable de mis actos y mis reivindicaciones. Deberé ser yo mismo pues el que tome las iniciativas de forma solidaria con otros compañeros/as, el primero en denunciar abusos y en la medida de lo posible rechazar la explotación. Desde hace un tiempo lo hago aún a riesgo de perder dinero. Sé que esto escuece.

A todos aquellos/as que tampoco creéis en los sindicatos, tampoco los necesitamos como convocantes de nada. De hecho, se ha demostrado que numerosas plataformas, colectivos y asociaciones o incluso individuales anónimos podemos convocar y emplazar multitudes. Si no os gustan las pancartas de los sindicatos: poneros delante de ellas y no detrás, sacad las vuestras, inventad nuevos lemas, gritad nuevas consignas y ningunear a esa gente que sale a dar mítines y monsergas. ¿Acaso os puede la vergüenza? Mal asunto.  A ellos, no.  No es excusa.

Tercera.
Sí que creo en la huelga de consumo y en especial en la movilización masiva, pacífica, sincronizada y solidaria no sólo de todas las trabajadoras/es sino de toda la sociedad civil como forma de protesta. Entiéndase sociedad civil, como toda la ciudadanía menos la sociedad financiera y bancaria. El clero, la monarquía y el Ejército también están supeditados a Standard’s & Poors y Goldman Sachs aunque compartan cenas juntos. Repito: sincronizada y solidaria.

Por eso, apoyo movilizaciones como la huelga general vasca del pasado 26 de septiembre o esta de 14 de noviembre, en la que los vecinos del suburbio sur de Europa (España, Portugal, Grecia, Malta, Italia y con el apoyo de Francia) se han unido en masiva protesta. Una vez más, la desidia de esos sindicatos que hoy convocan huelga no fueron capaces de unirse a la convocatoria de los sindicatos vascos en septiembre y la de los sindicatos vascos que no han sido capaces de unirse a esta de hoy. Un respetuoso aplauso para todos ellos por cercionar lo antes dicho: han orinado todos ustedes muy bien en su parcela de poder para delimitarla y saber quién manda en su feudo. Aupa, ahí.

 

MANIFIESTO:

Como joven periodista freelance, destajista, autónomo, emprendedor sin salario, nómada y desempleado creativo que soy: a veces trabajo y cobro, a veces trabajo y no cobro, a veces vagueo, a menudo directamente no trabajo; por lo tanto ante la complicada situación de una huelga en esta situación, manifiesto y animo a todos en nuestra situación a HUELGAZANEAR.

Los “holgazanes” por definición son gente vagabunda y ociosa que decide no trabajar. Los “huelgazanes” somos gente vagabunda y ociosa que decidimos voluntariamente no trabajar, otro día más, pero esta vez con el fin de reivindicar ciertas condiciones o manifestar una protesta.

La “huelga” es por definición la interrupción colectiva de la actividad laboral por parte de los trabajadores con el fin de reivindicar ciertas condiciones o manifestar una protesta.

Así pues, parias, ninis, “vagos y maleantes” (como definía una ley de 1933), nómadas, estudiantes, tunantes, desempleados, amos de casa y amas de casos, del mundo: uníos en la huelgazanería.

Interrumpamos nuestra no-actividad y hagamos un uso reivindicativo del ocio. Reivindiquemos el bienestar desde su raíz más profunda, la libertad más absoluta del ser humano, el no sometimiento.

Exijo pues al resto de trabajadoras/es del mundo que se unan a nuestra protesta internacional y solidariamente y ejerzan su derecho legítimo a no trabajar, en vez que exigirnos que seamos a nosotros los que nos sumemos a la jornada de huelga y que interrumpamos nuestras jornadas de ocio. Vamos, lo mismo, pero al revés. Así podremos estar en total consonancia y sintonía.

Sumémonos a sucesivas convocatorias ahora sí con total coherencia.

 

REIVINDICACIONES:

PRIMERA Y ÚNICA: Reivindico el derecho legítimo a no trabajar. Reclamo el derecho a la Pereza.


Paul Lafargue, el yerno que le salió torcido a Carlos Marx, puso patas arriba las propuestas de su suegro con un utópico manifiesto que se llamó precisamente así: ‘Derecho a la Pereza’ que fue publicado en 1880 en Inglaterra y del que me he declarado absoluto partisano en numerosas ocasiones.

En contra de la tradicional reivindicación obrera que pide el derecho a trabajar, Lafargue pide el derecho al ocio.

Y lo explica: el trabajo es el resultado de una imposición del capitalismo. La pereza es un instinto mucho más humano que tendría su máxima expresión en el estado de bienestar que es la culminación de la revolución. Un estado en el que podamos formarnos, cultivar la cultura, las artes, en definitiva, vivir con plenitud. La culminación de la revolución social. Esa que ahora mismo nos recortan: salud educación, etc.

Alguno se preguntará: ¡Qué listillo! Eso es insostenible. Pues no tanto. Porque quizás debemos tomar conciencia de que tenemos necesidades creadas y ficticias que no aporta nada a nuestro ocio, a nuestra vida ni al disfrute de las personas que queremos. Sólo pensamos en que nos quieran mucho y no en que nos amen bien. Igualmente muchas de nuestras reivindicaciones se basan en la frustración de no alcanzar conforts superfluos. El sistema funciona porque nos hace trabajar, empobrecernos, pedir créditos para poder poseer más. Y muchos ni siquiera pueden dar de comer a sus hijos. Debemos terminar con esa apreciación de la vida en término que no sean consumir o morir.

Es decir: todo lo contrario a los recortes del gobierno. Es ridículo recortar en sanidad, educación o aquellos mecanismos de protección social que dan soporte a las familias en situación más precaria y seguir empeñados en construir grandes infraestructuras como trenes de alta velocidad, recintos, o no invirtiendo en industrias, investigación o desarrollo. Todo lo que recortan sólo se destina a paliar el déficit contraído con nuestros usureros deudores y los bancos. No queremos ni oír hablar de esa austeridad que se dedica a remendar los agujeros de otros.

Ese derecho a la pereza, al bienestar común, se consigue viviendo de forma más solidaria, no teniendo más, sino teniendo mejor. Quizás prestándonos más en sentido figurado y literal entre vecinos, amigos y familia. No teniendo más trabajo, sino menos pero mejores condiciones para todas/os. Repito: todas y todos. Siendo más solidarios. Y por supuesto consumiento menos. Algo así como la base del decrecimiento.

Paul Lafargue predijo un escenario que con mucho acierto se parece al actual: creía que las crisis en el sistema económico burgués serían por la superproducción de bienes y que se manifestarían por la ruina de los capitalistas, el paro y la miseria de los trabajadores. Un retrato de nuestra crisis. Pero en un estadio previo, Lafargue considera y critica que ese sobreconsumo ha sido provocado por (tachán, tachán) la existencia de una clase doméstica de consumidores improductivos o la creación de necesidades y mercados ficticios con los que el sistema capitalista facilitaría la salida y reducción de vida útil de los productos.

Las teorías de Lafargue hacen aguas por muchos sitios y son a veces bastante enclenques en sus fundamentos, pero la crítica es actual y necesaria. Y como base a una sociedad más justa, con un estado de bienestar que dé en verdad y en libertad igualdad de oportunidades a sus ciudadanos, una sociedad que consuma de forma responsable, que recicle, que cuide de verdad por los demás. Y en la que la desobediencia civil y pacífica es justa y necesaria.

Lafargue pretendía que las gente trabajase menos (jornadas de tres horas), tuviese una mejor capacidad adquisitiva, pero que no se malgastase en tonterías sino que se invirtiesen esas horas de ocio y pereza en ser algo más humanos. Vidas más felices. Gozar de lo mundano. Menos estrés, menos frustración. Que el objetivo final, en definitiva no sea el lucro: ser el más rico del cementerio, sino compartir.

El triunfo revolucionario representarían pues el instrumento básico para trabajar lo menos posible y disfrutar intelectualmente y físicamente lo más posible. ¡Toma ya! Un holgazán de pro.

Este manifiesto no es de izquierdas ni de derechas. Repito: no es derechas.

 

ANEXO ETIMOLÓGICO Y CONCLUSIÓN:

En castellano “huelga”, “holgazán” y “holgazanear” tienen un mismo origen en la palabra “holgar”, que significa estar ocioso, simplemente no trabajar. “Holgar” llega a la lengua castellana del latín tardío “follicare”, que es “soplar”, “respirar”. ¿Quizás “respirar y resoplar ociosamente”? Como ya habrán sospechado hay otra palabra en español que también tiene su origen en el “follicare” romano.

Efectivamente: como todo revolucionario digno de mención lo que también queremos es follar. Que es “dar aire con el fuelle”, según el diccionario.

Así pues, todo en este manifiesto “huelgazanería” apunta a una revolucionaria propuesta: amarnos no más pero sí mejor, aprovechando el ocio y el tiempo libre de la forma más solidaria posible, arrimando el hombro, el pecho, la mano, el muslo… por una sociedad mejor.

Concluyo este panfleto revolucionario por la “huelgazanería” en Pamplona-Iruña, a 14 de noviembre de 2012. Que quede la para posteridad, desheredadas/os de la Tierra.

 

9 comentarios a “Huelgazaneemos todos juntos en la lucha final”

  1. Bela

    Olé!
    desde mi apoyo a la huelga y mi rechazo a los sindicatos mayoritarios, suscribo lo escrito en este post tan bonito: el manifiesto, la primera y única reivindicación y, sobre todo, la conclusión. Muchas gracias!! Huelgazaneemos en comuna!!

  2. Anouar

    A pesar de que esta entrada presenta aspectos ciertamente interesantes, me gustaría hacerte una serie de puntualizaciones:

    1. Decir “no creo en los sindicatos” es una majadería. Dí en todo caso “no creo en CC.OO. y UGT”. ¿Acaso no crees necesario que los trabajadores se agrupen para tener mayor poder de negociación y defensa frente al empresario? ¿Acaso crees que es mejor que cada uno negocie por su cuenta?
    2. “Reciben dinero del poder”. Esa es otra majadería muy extendida, incluso entre el 15M. Que los sindicatos (los que sean) reciban subvenciones públicas es un logro histórico de la clase trabajadora. Con las cuotas de los afiliados no da para pagar sedes (un sindicato necesita muchas), estudios, informes o la nómina de un buen equipo de abogados que defiendan y asesoren a los trabajadores. Por no decir que la mayoría de esas subvenciones se dedican mayoritariamente a la formación (imprescindible). Otra cosa diferente es que el modelo sindical español no sea el más adecuado.
    3. Lo que dices de la huelga es cierto (es un instrumento un tanto obsoleto y que no se ajusta bien a la estructura económica española) pero sin exagerar. En 2002 se consiguió la retirada del decretazo y la sustitución del ministro de trabajo. Otra cosa es que los sindicatos estén muy debilitados o que esta huelga no se haya organizado de manera correcta. Y a nivel concreto (de una determinada empresa o sector) sigue siendo la principal herramienta de lucha.
    4. “Este manifiesto no es de izquierdas ni de derechas. Repito: no es derechas”. Hay una fórmula válida en el 95% de los casos. Lo que no es ni de izquierdas ni de derechas es de derechas. No es el caso de esta entrada. ¿De verdad crees que el modelo de sociedad que apuntas aquí no está relacionado con los valores de la izquierda? Para empezar sería imposible sin u fortísimo reparto de la riqueza. Otra majadería que no entiendo es esa actitud urban-modernita-pija (por favor no me entiendas mal, no me estoy refiriendo a tí, sino en general) de considerar que la división izquierda derecha es algo demodé. Otra cosa es que existan varias o muchas izquierdas.

  3. Dani

    Estimado Anouar,

    Respecto al punto Nº 4: Es un guiño a la REVISTA MONGOLIA y su manifiesto: http://www.revistamongolia.com/que-es-mongolia/

    Unos cracks que acaban de lanzar este año esa publicación satírica sin mensaje político ninguno. Por supuesto que este modelo de sociedad está relacionado con los valores de la izquierda, insisto: este es un manifiesto de izquierdas.

    3. Creo, honestamente, y analizando el actual sistema de producción y consumo que es una herramienta obsoleta. La desobediencia civil y pacífica que sea transversal y se base en huelgas de consumo y que fomente una forma que no sea para la producción quizás sea más adecuada. Muchas empresas están encantadas hoy con parar la producción y muchos trabajadores hoy no pueden permitirse la huelga. Creo que las circunstancias de hace una década, en 2002, son bastante diferentes en cuanto a la crisis que las actuales.

    2. Vale, de acuerdo. Pero la realidad actualmente es que están absolutamente pegados y plegados al poder. Me gustaría que se hiciese de forma más solidaria y desinteresada (yo son activista en varios colectivos y causas y entiendo que tiene que haber gastos y gente pagada, pero también creo que ser más responsable con ese dinero y ser más pobre ayuda a ser más consciente de las penurias de las personas a las que estamos defendiendo). Y efectivamente, el modelo sindical español no es el más adecuado y para mi ha perdido legitimidad. Pero lo respeto.

    1. No creo en CCOO, en UGT, ni en otros sindicatos. Me reservo algún beneficio de la duda para algunos pequeñitos. En muchos casos, salvo por la honradez de personas concretas y comités de empresa chiquitos, se anteponen los intereses de la propia empresa, en vez de por ejemplo del sector. En el periodismo lo vivimos así. Lo que digo, y sigo respetando a aquellas personas que crean en los sindicatos y a los sindicalistas, es que como yo no creo en ese modelo lo que no voy a hace es como otros: quejarme pero no aportar nada. Yo desde mi responsabilidad individual me agruparé con mis compañeros/as, reivindicaré y saldré a la calle, convoquen los sindicatos o una plataforma ciudadana y seré responsable rechazando condiciones abusivas y trataré de hacer colectivo. Pero desgraciadamente, ni confío ni necesito a los sindicatos. La acción sindical o colectiva es necesaria. Claro. Pero no en esos términos.

    Dicho todo eso: respeto todo ese sistema que no comparto, pero invito a la reivindicación. Me duele que la gente diga: no salgo a la calle porque no me gustan los sindicatos. Igualmente: muy irresponsables UGT, CCOO, ELA, LAB y otros por no ser capaces de colaborar.

    Y como digo, hay muchos colectivos, que nos sentimos críticos, y desplazados pero queremos ser responsables y manifestarnos. Y lo hacemos.

    Bela, muchas gracias. ¡A huelgazanear!

  4. Roberto Valencia

    MAGNIFICO, apunta a otro huelgazan a la lista que me apunto ahora mismito. Un texto digno de difusión a quien sepa saborearlo, como creo y deseo debiera hacerse. Un abrazo enorme huelgazan fundador y espero verte algún día por Pamplona cuando no vayas con la bicicleta a toda mecha como una mañana jiijiji que ni me viste (Pese a la Citroen Jumper que invadia la acera cual Atila Rodador), dicho esto grandioso manifiesto y ARRIBA LOS HUELGAZANES DEL MUNDO!!!!!!!!

  5. Mª Ángeles

    Magnífico, por lo que dice y por cómo lo dice. Un placer leerlo. Ahora a difundirlo!!!

  6. Compostimes | Eloxio dos minijobs

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