Culpables de querer vivir en paz

La semana pasada en el barrio montevideano de Marconi tuvo lugar un episodio trágico: una rapiña masiva, un operativo policial “de saturación” , en esos en los que participan la Guardia de Coraceros (fuerzas de asalto y antidisturbios) y sitian los barrios, lo que provocó una turba de gente revuelta y finalmente, disparos. Un joven murió aparentemente por un tiro de la Policía. Álvaro Sosa, de 25 años. Un bala, que al parecer salió de un arma reglamentaria, le perforó la espalda y le colapsó un pulmón. Cayó muerto casi a la vista de su madre. Se dedicaba a rebuscar en la basura a veces, encontrar chatarra y clasificar desperdicios para ganar unos pesos. Eso estaba haciendo en el momento en el que el disparo le alcanzó.

Después se sucedieron los disturbios y vecinos que salieron en contra de los agentes. Episodios que sirvieron para que la prensa se regodease en que es Marconi es «zona roja».

Una realidad también es que el vecindario lleva 40 años dejado, abandonado. Sin oportunidades. Y se estigmatiza como un lugar de mala gente. Yo, personalmente discrepo. Los de Marconi mismo se han quejado esta semana, días después del incidente: los ómnibus ya no suben hasta el barrio, muchos trabajadores deben caminar temprano por la mañana y a oscuras, atravesando calles y arrabales. Los taxis evitan ciertas zonas, los servicios de emergencias andan lentos y la Policía, una semana más tarde del incidente aún no pisó el barrio si no es en estos multitudinarios operativos. Pero cuando en el día a día, los vecinos sufren abusos de los maleantes comunes, de los narcos que manejan bocas de pastabase o simplemente abusones del pequeño comerciante, nunca están.

Me recuerda a aquello que ocurrió en 2004 en el complejo habitacional Euskal Erria 71, cuando el joven Santi Yerle murió de varios disparos de un agente de Policía, que finalmente fue condenado por asesinato y cinco homicidios en tentativa. El muchacho que murió: un pibe que celebraba el cumpleaños de un amigo con unas cervezas y entonando canciones de su equipo favorito. Hasta entonces, el Euskal era una barrio trabajador. Desde entonces se le colgó la etiqueta de “zona roja”.

Dicen en los periódicos y los partes policiales que el problema es la delincuencia y las ‘bocas’ donde sirven droga, mucha pasta base, y el incesante ir y venir de población no registrada: “el riesgo de favelización”. Lo cierto es que las autoridades hace tiempo que no entran si no es con las fuerzas de choque.

Conocí un poquito Malvín Norte y paseé por el Euskal, conocí alguno de sus vecinos, compartí mesa con ellos, en casas en las que me sentí en familia, disfruté de gente muy simpática, desde el verdulero, hasta el bar local, el equipo de fútbol y gente extraordinaria.  Sólo puedo decir que son barrios trabajadores, de gente entusiasta, honrada, humildes pero han salido adelante por sus propios medios. Todo me resultó extraordinariamente familiar. No muy diferente del barrio en el que yo crecí en Pamplona. La lástima, que mucha gente se quedó con la etiqueta de «barrio conflictivo». Y si en Malvín hay delincuencia y pobreza es en parte porque la autoridad en parte se desvaneció, y hace apariciones fugaces para los ‘operativos de saturación’ y cuando aparece acaba en tragedia. ¿La prueba del abandono? Este año en los complejos habitacionales de Montevideo EE71 y el INVE se comenzó a construir la escuela  Nº 268. Este año, en 2012. Su construcción estaba proyectada en los planos del barrio hace 27 años, en 1985.

Y otro dato. A pesar de esos operativos que tanto gustan a la prensa con helicópteros, detenciones masivas, furgonetas y acorazados, la realidad es la siguiente: según informes del propio gobierno de Uruguay el 70% de los crímenes que se esclarecen no es por estos operativos si no por la labor de agentes de barrio, inspectores y de paisano. Y a pesar de esto, la Policía sólo tiene una subcomisaría en el barrio de Euskal Erría para una población registrada de 6.000 personas, aunque podrían ser 10.000 y muchas más si se cuenta a aquellas que viven en el asentamiento de la Candelaria, unas chabolitas enclenques que pueblan desordenadamente la ribera de un riachuelo sucio y de escaso caudal que tiene el ostentoso nombre de Rambla Euskal Erría. En esa subcomisaría, apenas un puesto con ventanas enrejadas, trabajan dos agentes. Dos. De manera que tan sólo uno puede patrullar el barrio mientras el otro permanece “guardando” el local.

Con todo esto sólo les quiero poner en contexto para que lean este texto de  Paula Vilella:

A Marconi ya no suben autobuses

Del post de su blog, que es recomendable entero, rescato estas líneas:

“Estos días se presenta como enemigos y peligros del orden social precisamente a aquellas personas cuyos derechos están siendo más vulnerados y que se encuentran más desprotegidas y estigmatizadas”

Como Malvín Norte o Marconi, Casavalle o el Cerro. O La Candelaria. O algunos lugares estigmatizados , de “San Benitos colgados” , la España de la precariedad. O en Navarra mismo.

Por otro lado os dejo este precioso tráiler del documental que la productora uruguaya IKUSI ha elaborado sobre varios proyectos sociales en la barriada de Casavalle.

LO QUE SON HOY, de IKusi.

No hay barrios conflictivos, hay barrios si acaso con conflictos y, muy a menudo, ninguneados. Y si acaso hay mala gente, también la hay buena. Como dice la canción de Barricada: «Eres la culpable de querer vivir en paz».

Un último dato  para su tranquilidad, por si no les convencí: Uruguay es en todas las estadísticas el país más pacífico y menos violento de toda América Latina. Sólo seguido por Costa Rica, que es uno de esos países que hasta prescindieron de Ejército.

Y en América, Uruguay se quedó sólo detrás de Canadá, en un estudio que mide  el nivel de conflictividad social interno, el gasto militar, la violencia y los conflictos con otros países. La república de oriental del Uruguay quedó situada siete puestos por delante que España.

 

* Barrio conflictivo es la canción que en 1984 el grupo de rock Barricada dedicó a mi vecindario, la Txantrea. La verdad es que hoy es uno de los lugares tranquilos, apacibles y bonitos de Pamplona-Iruña, es un barrio residencial y ajardinado, de calles tranquilas, limpio y casitas coquetas, a la vera del río Arga.

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