En los fosos de Europa

malta-9895BLOG

“Ni los perros, ni los caballos viven así”, se quejaba el joven sudanés mientras señalaba un barracón de obra, oxidado, carcomido, el último junto a la verja de este eufemístico ‘Open Center’, una suerte de campo de refugiados, centro de migrantes y hangar de la Segunda Guerra Mundial abandonado.

* Texto:
Paula Vilella
Daniel Burgui Iguzkiza

“Estos barracones quizá estarían bien si no estuviésemos aquí 18 personas tan juntas. Hace calor, los colchones se pudren. La vida es difícil, yo lo sé. Sólo pido moverme libre, una oportunidad, no quiero que me regalen nada. Pero, escucha, nadie aquí te va a hablar bien de este lugar, de Europa, esto no es Europa”, explica indignado Gida, frente al lugar donde duerme.

“Yo vivía mejor en Libia, trabajaba en el Grand Hotel de Trípoli, limpié coches, retretes, trabajé en la construcción, de todo, pero llegó la guerra. Salí hace cuatro años de Darfur, mi tierra. Si pudiese volver, regresaría, pero allí también nos querían matar”, se calza un auricular en la oreja. Lleva seis meses en Malta y le han rechazado su solicitud de asilo como refugiado.

“Los guardias no se mueven de la entrada, no os van a ver”. Nos invitaba Ahmed, amable somalí, a atravesar la desvencijada valla trasera para que pudiéramos entrar en Tent Village, un lugar que el gobierno maltés por vergüenza ni quiere enseñar. Rehusamos la invitación para no causar más problemas a este hombre de americana roída, de mangas grandes, delgado, barba y sonrisa amplia.

Ahmed huyó de dos décadas de guerra y hambre para buscar asilo en Europa, cruzó desiertos en los que, como nos dijo Shami, “quieres morir y no puedes, agonizas”. Con suerte el viaje desde Somalia a Malta puede reducirse a 5.000 kilómetros. Ahmed y Shami después cruzaron el mar, ése que engulle gente: en 2011 el Mediterráneo fue el más mortífero del planeta, en el estrecho de Sicilia y el trecho que separa Malta de Túnez y Libia desaparecieron 1.500 personas. “Vi morir a mucha gente, de mi bote solo sobrevivimos dos, pero lo intentaría de nuevo si tuviese que hacerlo”.

En 2011, fueron 42,5 millones de personas las que salieron de sus hogares de forma forzosa a causa de la violencia, el hambre o por motivos políticos. Desplazados, refugiados, migrantes. Alrededor de 800.000 personas cruzaron fronteras de estados, abandonaron sus países o algo similar a eso, las rayas que separan los mapas. La mayor cifra desde el año 2000.

Hoy es el Día del Refugiado pero para esas 42,5 millones de personas es una condición con la que se levantan y se acuestan. Aunque la integración en la comunidad y el reasentamiento en terceros países son medidas permanentes que se contemplan, lo cierto es que millones de personas se mantienen por años en campos de refugiados, atascadas, varadas en la nada que no les permite tener un proyecto de vida para ellas y sus familias. El de Dadaab, en Kenia el mayor del mundo, el de Dheisheh –cerca de Belén– creado en 1949 para el éxodo palestino, el más antiguo en funcionamiento o los de Tindouf, en la ardiente hamada argelina para los saharauis.

Pero no hace falta irse lejos. Tent Village en Malta, en Europa. Ahmed no es un reo, pero vive tras las rejas. Moulá, un chavalillo somalí nos cuenta que su hermano que es menor de edad aún sigue en un centro de detención, fueron rescatados por la guardia costera y los encerraron allí. “Mi familia no sabía si estábamos vivos o no”. Atrapados en las fronteras de la Europa fortaleza. Hasta 18 meses pueden estar retenidos sin cargos, sin delito, tras ser rescatados directamente de un naufragio.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Antonio Guterres, invitó el pasado abril en Madrid a los países de la UE a aprender de la «generosidad y hospitalidad de los países en desarrollo». El 80% de los 800.000 nuevos desplazados que han provocado las múltiples crisis del año pasado recibieron cobijo en estados en desarrollo. Mientras, Europa…

Europa ha construido papel sobre papel a base de tratados e instituciones comunitarias, un muro que defiende “a los de dentro” de “los otros” a los que se les despoja de su capacidad política y su historia para reducirles a “ilegales” en el mejor de los casos, con raquíticas cifras de asilo. Y también piedra a piedra ha construido muros que en Ceuta y Grecia no son metafóricos.

A las puertas de esta Europa que dice defender los derechos humanos con los tratados de Dublín II, una normativa de asilo y refugio restrictiva y maquillada, el perro cancerbero de la Frontex (la guardia fronteriza europea), allí en esas puertas hay más de 895.000 solicitantes de asilo pendientes: 895.000 personas, 895.000 historias, de los que han sorteado los resquicios de la valla, los envites del mar o de los centros de detención que salpican toda la geografía europea.

Malta es uno de esos fosos del castillo europeo en el que quedan atascados miles de refugiados y solicitantes de asilo. Entre marzo y abril de este año, rondamos su escaso territorio de apenas 250 kilómetros cuadrados de roca caliza recogiendo decenas de testimonios de quienes tomaron la determinación de salir de su casa, sin otra opción mejor.

Hablamos con ellos en sus habitaciones hacinadas de Open Center, visitamos los lugares donde duermen, comimos con ellos. Compartieron con nosotros sus historias, sus recuerdos, sus sueños y esperanzas. Escasas, a menudo. Pero también estuvimos con los directores de estos centros, con la población local que los ve como una amenaza, con los gerifaltes del Gobierno maltés, con los hombres de la UE que tratan de diseñar pese a la crisis un sistema de asilo comunitario digno, con los responsables de organizaciones que honestamente reconocen la gravedad de la situación, la injusticia y estar atados de pies y manos.

Dejamos macerar estos reportajes unos meses, mientras vamos apagando los fuegos de nuestros trabajos, ésos que nos reportan un dinero con el que salir a flote en nuestras respectivas vidas de mercado.

 P.D.:  Esta entrada de blog escrita a cuatro manos es un nuevo experimento bloguero que hemos publicado, hoy Día del Refugiado, simultáneamente tanto en el nuevo blog de Paula ‘Los pies en la tierra‘ como en el mío.

Este año, CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado) y Amnistía Internacional han centrado su sensibilización en las fronteras de Europa. Porque está muy cerca, porque podemos ser nosotros.

http://www.cear.es/noentran/

http://www.youtube.com/watch?v=ySgpQ3d37fk&feature=player_embedded

3 comentarios a “En los fosos de Europa”

  1. Arantxa Freire-Habitafrica

    Dani, millones de gracias por contarnos lo que nadie queremos escuchar. Las cosas son aún peor en lo que llamamos «Frontera Exterior», donde Europa, con gendarmes africanos, hace a los subsaharianos que buscan una vida mejor, la vida imposible. Rabia.

    Si quereis visitar la situación de los subsaharianos y refugiados en Marruecos o en Mauritania, me avisais. Cada vez están más hostigados. Aquí os dejo nuestro blog al respecto con el video de CEAR.http://blog.habitafrica.org/noentran/

Deja un comentario

Un poquito de HTML está permitido. Tu dirección de email no será pública.

Subscribe to this comment feed via RSS