L’épic del moustache

Ander Izagirre continua el ‘Plomo Tour’ pedaleando de Donostia a Madrid para presentar de ciudad en ciudad su libro ‘Plomo en los bolsillos’, republicado con los editores dicharacheros de Libros del K.O.  Ayer recaló en Pamplona-Iruñea y hoy le hemos acompañado en su salida mañanera hacia Logroño. ‘Plomo en los bolsillos’ es un libro que narra las andanzas y malandanzas del Tour de Francia, la épica de una carrera forjada a base de burradas innombrables para la gloria del periodismo –lo inventó el diario L’Auto–.

Es una narración atrapante, delirante, trepidante incluso para los no amantes del deporte: ciclistas que no querían ganar, hombres que se escondían cazuelas de bacalao en los arcenes, el primer africano que pudo triunfar pero se emborrachó a vino y retomó la carrera en dirección contraria, el temor a los osos en los Pirineos, el éxito popular del eterno segundón como Raymond Poulidor, el misticismo de Merckx o Anquetil y así otros chismes e historietas de la Grande Bouclé.

Pero el relato de Ander tiene una característica extraordinaria, conforme uno avanza hacia el final, cuanto más lees y más páginas pasas, menos pelos le quedan al libro. Sí, pelos.

La cara de dolor (también de alegría de vez en cuando pero ante todo sufrimiento extremo) de los grandes campeones de aquellas etapas del Génesis del ciclismo por carreteras inexistentes, meros pedregales, bicis de piñón fijo, pedaladas de día, tarde y noche, de hasta 20 o 30 horas,  todas esas expresiones y gestos estaban subrayados en negro por prominentes pelos sobre sus labios y bajo las narizotas que nunca acariciaron la ciencia cierta de una photo finish. Eran ciclistas de tremendos bigotes. La épica del Tour de Francia está escrita en los primeros capítulos de su historia por hombres (y mujeres que desde 1955 comenzó el Tour femenino) mucho más vellosos.

El deshollinador Maurice Garín que ganó el primer Tour de la historia en 1903, Louis Trousselier, Lucien Georges Mazan el Petit-Bretón que logró por primera vez proclamarse campeón en dos ediciones consecutivas en 1907 y 1908, el luxemburgués Francois Faber que fue el primer extranjero en subir al pódium absoluto en un Tour, el de 1909, y que llegó segundo en el mítico de 1910 que Octave Lapize ganó tras coronar el Tourmalet al grito de “¡Asesinos!”. Todos ganaron por los pelos.

Bueno, todos menos el italiano Giovanni Gerbi que ya en 1903 se vestía con mallot de seda y se depilaba desde los pies hasta la cocorota para ganar mayor aerodinamismo. Aunque fuese el hazmerreir de sus compañeros, el tiempo le dio la razón. Hoy todos los ciclistas profesionales se depilan por higiene ante las caídas y por la facilidad –dicen- de un buen masaje. Pero Gerbi nunca corrió el Tour. Su compatriota romano Leonida Frascarelli también tuvo la infructuosa idea de depilarse para correr, sólo participó en el Tour de 1930 y se retiró. Así que durante muchos años y durante muchas páginas del libro de Ander el Tour de Francia está poblado, espesado, enmarañado por grandes, pequeños y diversos mostachos, piernas peludas y sobacos desgreñados.

Ander me insistió mucho en que me depilase y entrenase para acompañarle en alguna etapa del ‘Plomo Tour’, consciente yo mismo de la improbable posibilidad de seguir la rueda del Izagirre con mi desvencijada bicicleta de montaña que costó hace tres años la honorable suma de 50 euros, mis piernas peludas y con poca resistencia a sesiones de 5 horas de pedaleo, decidí acompañarles como aquellos bigotudos de principios de siglo hubiesen hecho.

Además, en la primera etapa el ‘Plomo Tour’ estuvo rodeado de estrellas como Pello Ruiz-Cabestany, ídolo infantil del autor del libro, o Pedro Horrillo. Para el inicio de la etapa pamplonesa faltaba algo de glamour, faltaba alguna estrella de un Tour añejo.

Así que hoy a las 9.30h de la mañana frente a los Cines Golem nos hemos juntado para darle lustre a la salida, el propio Izagirre; su amigo y compañero de carretera hasta Madrid, Gari; el incombustible Antxon Arza; el columnista-trapecista Jorge Nagore y servidor.

Esta mañana he estrenado bigote para la ocasión, un subproducto de una barba que comenzó en 2009, y he tratado de homenajear a aquellos primeros corredores del Tour: “figuras extravagantes, ataviadas como una mezcla de aviador, mineros y vagabundo, con los tubulares enrollados a la espalda, con un maletín de cuero en el manillar para cargar con la comida y una botella de vidrio”.

He complementado mi apariencia rescatada de las páginas del L’Auto con unas gafotas y una bellísima bici de piñón fijo prestada por mis amigos de ‘Volando Boys’, que son unos artistas (literalmente) y cuya bici iba ligera y emulando a aquellas de principios del s. XX pero que de tan parecida no frenaba.

Daniel Burgui Iguzkiza y Ander Izagirre, en la meta de salida. Foto cortesía de Alberto Saéz.

Cuando comenzó la vuelta francesa en el siglo XX prácticamente todas las bicis eran así de piñón fijo, hoy en día es difícil de imaginar competir o subir un puerto con estas bicis sin frenos para la bajada, con los pedales en constante movimiento, con un desarrollo nulo. Ha sido divertido pedalear junto al torpedo de bici Orbea de Ander.

Hoy tanto los bigotes como las bicis de piñón fijo (‘fixed’ que se llaman) son cosas de modernos y de la relajada vida urbanita. ¡Modernos! La verdad es que hasta hoy yo gastaba y seguiré gastando bici de montaña y barba desgarbada pero defenderé a esos modernos presumidos como Lucien Georges Mazan –Petit Breton– del que decían que se engominaba demasiado, que tenía pintas de cantante de tango, a mi la épica de aquellos mostachos y bicis indomables me sigue fascinando.

Al margen del rasurado audaz aquellas primeras vueltas a Francia eran una aventura desmesurada, cruel, salvaje, un reality de supervivencia atroz en blanco y negro y narrado en prensa para la audiencia que a veces jaleaba, otras escupía, aplaudía o como ocurrió en 1906 disparaba tiros en mitad de la carrera.

Lo que mejor ilustra esta era dorada del salvajismo ciclista francés que yo mismo he bautizado (con pretensiones, claro) como ‘La épica del mostacho y la pantorrilla peluda’ es el fragmento del libro de Ander que da título al libro, en el que el ciclista Henri Pélissier contesta al cronista de El Petit parisien durante el Tour de 1924:

“Le voy a explicar cómo aguantamos el Tour de Francia –le dijo Henri al periodista. Rebuscó en el bolsillo trasero de su mallot, sacó un estuche y lo colocó sobre la mesa. Del estuche extrajo un par de frascos–. Esto es cocaína para los ojos. Y esto es cloroformo, para el dolor de rodillas. Ahora le voy a enseñar las píldoras –y sacó tres botes más–. Ahí lo tiene: funcionamos con dinamita. Y usted no nos ha visto cuando llegamos a la ducha. Dese el placer de asistir a una sesión. Una vez que nos hemos quitado el barro, estamos blancos como sudarios. La diarrea nos deja vacíos. Nos desmayamos en el agua. Cuando nos acostamos, empezamos a temblar con el baile de San Vito y no podemos dormir. Mire, fíjese en nuestros cordones: son de cuero curtido, pues bien, no siempre resisten las etapas, se rompen. Piense en lo que ocurre con nuestra piel.

“Cuando bajamos de la bicicleta, se puede pasar a través de nuestros calcetines y de nuestros culotes, nada se ajusta al cuerpo. Los dedos de los pies se encojen día a día, y ya no siento seis de ellos. Y espere a que lleguen los Pirineos: es un trabajo bestial y lo encajamos sin rechistar. Hacemos el esfuerzo que no permitiríamos a una mula. No somos unos vagos, pero, por el amor de Dios, que no nos fastidien. Si salgo con un periódico en el pecho para evitar el frío, tengo que llegar a meta con él. Si paro a beber, tengo que sacar el agua de los pozos yo mismo o me penalizarán. Aceptamos el tormento, pero no queremos vejaciones. Un día nos colocarán plomo en los bolsillos, alegando que Dios hizo al hombre demasiado ligero”.

Aquí, una foto de Henri Pélissier con bigote y muslos peludos. Aquí debajo otra de esta mañana.  Es cierto que Antxon Arza y Jorge Nagore también lucieron pobladas barbas en la salida y Arza se adelantó desde el pistoletazo de salida aunque pronto se retiró.

P.D.: Por cierto, hay otros bigotes célebres en el Tour como el de Jaime Mir, taxista, actor y auxiliar espontáneo de muchos de los grandes del ciclismo.

P.D.:2 He dicho que el libro de Ander conforme avanza tiene menos páginas y menos pelo. Termina con un epílogo que narra el autor el primera persona.

 

 

4 comentarios a “L’épic del moustache”

  1. Daniel Rivas

    Cuando te he visto en el vídeo de la salida grabado por Emilio (http://www.youtube.com/watch?v=LWV81tAmX8c&feature=youtu.be) he pensado que ibas vestido de kamikaze, con ese bigote del último día. Ahora ya no tengo ninguna duda.

    P.S.: Espero que antes de atacar a Ander le hayáis dado un poco de ventaja, ¡tiene que aguantar hasta la Bola del mundo!

  2. mòmo

    ¿Y el público fiel? ¿No dices nada del público fiel que os esperaba bajo el sol para animaros?

  3. Dani

    Mòmo, muchas gracias por parte de esas jaleadoras y animosas gentes que nos esperaba en lo alto de la colina, jejeje. ;-)

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