Omar Deghayes: “Quizá Garzón pretendía ganar fama o hacer carrera con Guantánamo”

El gobierno británico y las autoridades españolas tratan de hacer como si los seis años que Omar Deghayes pasó en Guantánamo nunca hubiesen ocurrido. Una elipsis. Como el ojo derecho de Omar ausente por las palizas. Hoy vive libre, sin cargos, pero tampoco tuvo juicio ni delito. Un vídeo de la Policía española –demostrado erróneo– y los argumentos del juez Baltasar Garzón bastaron para retenerlo en el vergonzante penal que hoy cumple 10 años sin echar la persiana.

Esta es la primera parte de una entrevista a un hombre que ya sólo espera cosas buenas de la vida.

LONDRES | Texto y fotos: Daniel Burgui Iguzkiza

Son casi las seis de la tarde y es verano pero el edificio de enfrente se come casi toda la luz de esta calle. Así que sólo unos rayos suaves y cenitales se cuelan entre las rendijas de la persiana veneciana del despacho de Omar Deghayes. El resto de la oficina de Reprieve –la ONG donde Omar trabaja como abogado– está iluminada con los fluorescentes y los flexos para no perderse entre montañas de papeles. Sólo su despacho queda en la penumbra de una tarde tristona londinense. “¿Te importa estar así? Aún hay suficiente luz del Sol. Si te molesta, dime. A mí me gusta así”, me espeta mientras me invita a sentarme. “No hay problema, está bien”. Es un hombre amable, de movimientos y voz suave. Armonioso.

Hasta más avanzada la entrevista no entenderé por qué ese gusto por la penumbra. Me cuenta  Omar como un chiquillo que lo primero que hizo cuando regresó a casa de sus padres cerca de Brighton, en Saltdean (Inglaterra), tras seis años de reclusión en Guantánamo fue encender y apagar las luces. Una y otra vez. “Fue lo que más feliz me hizo al estar libre de nuevo, es algo realmente simple pero muy importante”.

En Guantánamo, en las celdas de dos metros cuadrados donde él estuvo recluido, la luz permanecía encendida 24 horas. Los prisioneros pierden la noción del tiempo, no saben si es de día o de noche. “Aún tengo miedo de la luz artificial y no duermo bien, uno no se recupera de esos trastornos fácilmente. Nunca volveremos a ser los mismos. Algunas personas que no han estado allí imaginan celdas oscuras y agujeros, pero aquello era un infierno muy luminoso”.

Durante tres años de los seis que Omar pasó en Guantánamo nadie de su familia supo ni siquiera dónde estaba. Desapareció de la faz del planeta. Omar ha quedado ciego de su ojo derecho y tiene varios dedos de las manos trastabillados por las torturas y curas mal efectuadas por los doctores del penal. “Los médicos también estaban compinchados”, asegura. En diciembre de 2007 regresó al Reino Unido y para los primeros días de 2008 ya estaba en casa. En libertad sin cargos, sin juicios, como si jamás hubiese pasado nada. Ahora el gobierno británico planea indemnizar a él y a otros y dejar que el tema corra.

Sin embargo la principal prueba y acusación contra Omar durante esos años fue un vídeo de la Policía española. Un vídeo tosco que los agentes rusos pasaron a la inteligencia española en el año 2000 y en el que un hombre de barbas aparece dando instrucciones a la guerrilla chechena.

“A menudo me hablaban de un vídeo, pero en todos esos años los interrogatorios fueron exhaustivos, a veces me acusaban de unas cosas y otras veces, de otras. Tratan de volverte loco. Yo en la vida estuve en Chechenia. Y en España sólo estuve de vacaciones con mi madre cuando era joven. No sé cuántas veces lo repetí”, relata Omar.

Clive Stafford, el abogado de Omar, más tarde descubrió que esa borrosa cinta de vídeo fue lo único que sustentaba el encarcelamiento de su defendido. En 2005 los americanos revisaron algunos casos y el de Omar fue rechazado por la evidencia de la grabación. Expertos en reconocimiento facial y la propia BBC –que consiguió una copia de la cinta– se postularon en contra de que Omar fuese el hombre que aparecía el vídeo y lo argumentaron. Según la televisión pública británica el hombre del vídeo era un rebelde checheno llamado Abu Walid, bajo tierra hace tiempo. Una evidente cicatriz en la cara del tipo de la cinta bastó para dar al traste con la hipótesis de la inteligencia española.

Stafford asegura que es un flagrante caso de error de identificación, aunque reconoce que habida cuenta del funcionamiento arbitrario y de excepción de Guantánamo no es nada sorprendente. Y menos teniendo en cuenta cómo Omar, que estudió derecho en la Universidad de Wolverhampton e irónicamente se especializó en derechos humanos, terminó en Camp Delta tras ser capturado por cazarrecompensas en Pakistán en 2002 que lo vendieron a EEUU. Antes de llegar a la base cubana pasó por cárceles de Lahore y la temida Bagram en Afganistán.

 

En 2011 los papeles de Wikileaks confirmaron el testimonio de Omar de que fue interrogado por agentes españoles en la base cubana.

 

Omar vive en el Reino Unido desde los 11 años, cuando su familia huyó de Libia a principios de los 80 después de que su padre, un destacado sindicalista, fuese asesinado por el régimen de Muhamar Gadafi. El cariño y activismo de su pueblo de acogida en la costa sur inglesa y la presión de la campaña ‘Save Omar’ para pedir su liberación al gobierno británico fue clave para su regreso a casa.

A pesar de la dudosa identificación, fue un auto del juez Garzón –citado en este artículo de El País en 2008 sobre este asunto– el que hacía hincapié en que “la comparación de las fotografías obtenidas de Omar en Madrid [en 1996] y las que se pueden ver en el vídeo titulado La yihad en Daguestán permitieron establecer que Omar participó en la yihad en Chechenia”.

Garzón también trató de relacionar a Omar con autores del 11-M, algo remotamente improbable por fechas y por los movimientos del joven residente británico. Así, fue la información proporcionada por la Policía española a los servicios secretos británicos y estadounidenses la que sentenció durante seis años a Omar.

Es por eso, que tras un pequeño preámbulo de calentamiento para la entrevista comentando varios temas, Omar me asalta y me dice: “Antes de nada, por curiosidad, tengo que preguntarte algo, ¿Qué pasa con Baltasar Garzón?”. No era sarcasmo, Omar lo preguntaba con verdadero interés.

Era julio de 2010 cuando conseguí que Omar quisiese publicitar su caso en España, aunque a él lo conocí a principios de 2009 en un encuentro de Amnistía Internacional al sur de Londres. En 2008, Omar declinó hablar con El País y sólo aceptó en 2010 entrevistarse con Informe Semanal de TVE. Cuando me reuní con él en Londres, el magistrado de la Audiencia Nacional pasaba por su peor momento, en mayo había sido suspendido cautelarmente por supuesta prevaricación. Le expliqué la historia a Omar.

“Lo pregunto porque él siempre ha estado involucrado en nuestro caso”, se excusa. “Creo que no tiene una muy buena personalidad, cambia demasiado de parecer. Quizás estaba buscando fama o hacer carrera política de algún modo con el tema de Guantánamo. Igual quería ser Ministro o algo”, reflexiona.  “Al principio quiso extraditarnos y juzgarnos en España, fue un tema popular cuando yo regresé a casa. Y después, tras fracasar en el intento, al tiempo, nos envió estas cartas pidiéndonos colaboración para llevar nuestro caso contra los americanos”.

Me muestra un par cartas del juez Baltasar Garzón en la que le pide a él y a otros ex reos de Guantánamo colaboración para denunciar torturas y encausar al ex presidente norteamericano George W. Bush y su mano derecha, Dick Cheney.

Puede resultar rocambolesco, pero ocurrió. En abril de 2009. Sólo un año más tarde de que el magistrado declarara a El País que “además del vídeo, cuya identificación por la policía está ratificada y reiterada, había otras pruebas contra Omar”. Y añade el magistrado: “No me consta que haya ninguna reclamación por este caso”. La perseverancia del juez alargó la estancia de Omar en la base cubana. Garzón pidió juzgar por varios delitos a Omar tanto en 2003 como en 2008.

“Primero nos dice que somos terroristas, que somos mala gente y de pronto un día cambia de parecer y nos pide autorización para encausar a Dick Cheney y George Bush. Me lo pidió a mí y otros como Jamil Abdul, los dos que supuestamente debíamos ser juzgados en España por él. Toda una locura”, relata Omar, relajado y entre risas.

“Pero le enviamos lo que nos pedía y declaramos”, sentencia. “Tratar de juzgar y llevar ante los tribunales a los que han fraguado esta terrible injusticia era más importante, estaba por encima de esto”, asegura como si hablase más desde su rol de abogado que de víctima.

 

“A pesar de que nos hubiese tratado como terroristas, colaboramos con Garzón para pedir el cierre de la prisión”

 

De hecho, Deghayes, sus abogados, otros activistas y la propia organización con la que colabora, Reprieve, están inmersos en las querellas contra el gobierno británico por la complicidad de este en las torturas y los daños causados a los residentes y ciudadanos británicos encarcelados en Guantánamo, vulneración de derechos humanos y cómo el MI5 –el servicio secreto– usaron y permitieron el abuso para obtener testimonios. Sin embargo, es una batalla legal de dudoso recorrido. La experiencia norirlandesa ilustra que han sido necesarios 40 años para sentar en el banquillo a los responsables del Domingo Sangriento.

El gabinete de David Cameron y la cámara de los comunes ya han acordado y aprobado indemnizar a los 16 ciudadanos británicos o bajo responsabilidad del Reino Unido que pasaron por Guantánamo y de los que jamás se demostró su implicación terrorista ni culpabilidad de ningún tipo. Han acordado no revelar el monto con el que tratarán de finiquitar y tapar la legalidad de la tortura, pero se ha filtrado que en uno de los casos comprar la tranquilidad del servicio secreto ascenderá a un millón de libras esterlinas.

El Ministro de justicia, Kenneth Clarke, declaró a los comunes que la alternativa de ir a un juicio “sería un litigio largo, extremadamente caro y de incierto desenlace, en el que el gobierno no sería capaz de respaldar al departamento de defensa y las agencias de seguridad e inteligencia sin comprometer la seguridad nacional”. Una vez más, como en todo el desarrollo de la “guerra contra el terror” el pretexto es la seguridad nacional.

Algún parlamentario Tory declaró que no le hacía ninguna gracia gastar cinco millones de libras de los contribuyentes sin que haya un proceso legal. Sin embargo, el líder de los conservadores, David Cameron declaró en julio: “No hay otra opción”. El primer ministro dijo que ante las gran cantidad de demandas civiles emprendidas contra el gobierno por presuntas víctimas de tortura era la mejor solución.

El cualquier caso Omar Deghayes y otros activistas tratarán de conseguir no sólo dinero sino restaurar su honor. “Nos darán dinero, sí, pero no justicia. Aún nadie nos ha pedido perdón. Yo no pido otra cosa, es muy simple, sólo deseo que alguien me diga que lo siente, que fue un error”, afirma Omar.

Omar Deghayes no guarda rencor en sus palabras, no hay odio en él. Asegura que ya sólo espera cosas buenas de la vida, pero que el perdón es necesario. “Al principio cuando regresé a casa, tenía miedo de la gente, tenía problemas para socializarme, pensaba que cualquiera quería hacerme daño”, relata. Ahora Omar da charlas en grupos pequeños y trata de explicar su historia. “Es necesario que se sepa la injusticia que se hizo con nosotros, que no vuelva a ocurrir”.

 

“Aún nadie nos ha pedido perdón, nadie ha asumido el error”

 

De hecho, Omar aceptó participar en un encuentro en una universidad con un ex soldado que había participado en las torturas de Guantánamo. “Al principio decliné ir, pero pensé que quizás podría ser útil. Fue una buena experiencia, charlamos y vi cómo él estaba arrepentido y contó también las verdades de cuáles eran nuestras condiciones allí y qué cosas les obligaban a hacernos”.

Aunque el tiempo no lo cura todo, al menos sí que da la razón. Algunas de esas verdades sobre lo que ocurre aún hoy en Guantánamo y lo que ocurrió han ido revelándose.

Omar y otro ex preso de origen marroquí insistieron en que fueron interrogados por policías españoles durante su cautiverio en la base americana. Aunque algunos medios ya denunciaron esos interrogatorios al mismo tiempo que aquellos vuelos de la CIA en 2007 y 2009, no ha sido hasta el pasado año cuando la masiva filtración de Wikileaks ha confirmado el testimonio de Omar.

Además de la vergonzante implicación española en Guantánamo, aún hay algo más preocupante tras los acontecimientos de 2011. Omar cuenta que las amenazas de muerte que más le atemorizaron durante su cautiverio en Cuba fueron las de aquellos agentes que le dijeron “te haremos lo mismo que a tu padre”.

Eran interrogadores libios, del régimen de Gadafi, autorizados a entrar hasta la trastienda de Guantánamo con el beneplácito y autorización del gobierno estadounidense. El mismo Gadafi repudiado este año por los socios de la Alianza Atlántica y con el que sorprendentemente nadie tuvo nunca nada que ver.

De momento está en marcha una investigación independiente sobre el grado de implicación británica en las torturas y el conocimiento que de esto tenía el gobierno.

 

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Después de este amplio preámbulo, mañana publicaré la charla con Omar de cómo ha rehecho su vida, qué espera de la vida y cómo resistió en Guantánamo, donde aún quedan 171 detenidos.

13 comentarios a “Omar Deghayes: “Quizá Garzón pretendía ganar fama o hacer carrera con Guantánamo””

  1. Koldo

    Suerte a Omar, víctima evocadora del zarpazo del corazón de las tinieblas moderno!!!!!

  2. Ana

    Acabo de buscar a este hombre en wikipedia, y en un artículo en inglés hablan de la extraditación española, de cómo Garzón lo sacó de Guantanamo… que vergüenza, que asco.
    Y hablando de Guantanamo, todos van contra Bush, pero y Obama?? que prometía en su campaña cerrar Guantanamo.. en fin espero que a partir de ahora a este hombre la vida le sonria.

  3. Cloaca

    Muy buen trabajo, cloacas de los estados a todo trapo …

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