Somalia: los exiliados del hambre

 

Hace ya varios meses que se declaró la hambruna y la situación de emergencia, pero el Cuerno de África se sigue consumiendo poco a poco. Se está extinguiendo. La tierra se agota y su población merma a un ritmo vergonzante y por unas causas predecibles, evitables: falta de alimentos.

La peor sequía en seis décadas, un hambre que estrangula a millones de estómagos y una incombustible guerra en Somalia desde hace ya 20 años empuja cada día a más de mil personas a cruzar la enclenque línea que en los mapas separa Kenia de Somalia. Es de todo el Cuerno de África en este lugar donde la emergencia humana (que también afecta a amplias áreas de Kenia, Eritrea, Etiopía y Yibuti) se encarna, se hace señalable con nombres y apellidos, de forma más obvia.

Allí, el pequeño apéndice de chabolas y tiendas que en 1991 le creció al poblado keniano de Dadaab se ha convertido hoy en el campo de refugiados y desplazados más grande del mundo. En septiembre viajé hasta allí –aunque sabía que muchos corresponsales y profesionales estaban cubriendo esta emergencia y muchos medios por fin prestaban atención a aquel rincón– para tratar de rescatar, retratar y recuperar por mi cuenta y bajo mi criterio algunas de las historias de esos supervivientes.

Sobre todo, mujeres que un alarde de coraje deciden echar a andar a través de un desierto, sin agua, sin comida, tirando de sus familias y cargando con el patrimonio de sus recuerdos y vivencias. Encontré eso, no víctimas, sino gente con biografías duras pero que empeñaban su nombre, su honra en llevar una vida mejor.

Como dice un amigo: «Vivieron vidas impensables para nosotros. Y nosotros somos mucho más blandos y encima más quejicas, más caprichosos y más presumidos».

Algunas de esas historias las conté aquí, en el blog. Ahora además la revista Nuestro Tiempo lleva en la portada en su último número del año el de Noviembre-Diciembre este éxodo somalí y publica en un despliegue amplio, a lo largo de 14 páginas con fotos a color y a toda página, mi texto y mis imágenes que dan cuenta de estas historias.

A Javier Marrodán, editor de la revista Nuestro Tiempo, periodista y ahora maestro de periodistas no sólo le debo la publicación del reportaje, le debo también escribir cada vez un poco mejor y ayudarme a reforzar la idea de que los periodistas somos meros traductores, transcriptores de la vida de otras personas. Sin pretensiones, sin alardes.

Hace poco oí a Javier citar a Tomás Eloy Martínez ante unos/as alumnos/as y vi lo acertado de esas palabras y del compromiso que Javier adquiere también como editor. Decía el periodista argentino sobre sus textos:

Lo que buscan las narraciones a las que estoy aludiendo es que el lector identifique los destinos ajenos con su propio destino. Que se diga: a mí también puede pasarme esto. Hegel primero, y después Borges, escribieron que la suerte de un hombre resume, en ciertos momentos esenciales, la suerte de todos los hombres. Esa es la gran lección que están aprendiendo los periódicos en este comienzo de siglo”.

 

Podéis leer este reportaje amplio que en PDF o en la web de Nuestro Tiempo.

Creo honestamente que el relato de las historias de Amina, Abdullah, Sabeedo, Adbelkarim, Habbiba y otras personas, que ahora permanecen allí, también representan a muchos otros que llegan cada día o que están por llegar y resumen en un momento esencial, creo yo, la suerte de todos nosotros.

 

P.D.: En ese mismo número de la revista también hay un magnífico reportaje de Ander Izagirre sobre el viaje que las madres fubolistas del Chaco boliviano hicieron este año a Donostia-San Sebastián a un campeonato:  ‘Los ocho goles de las guaraníes’.

 

2 comentarios a “Somalia: los exiliados del hambre”

  1. Marc Roig Tió

    ¡¡Bravo!!
    PD: La semana pasada estuve en Pamplona y empecé a leer tu artículo en casa de mi hermana, pero me faltó tiempo para terminarlo. Lo tengo en tareas pendientes, jeje, pero lo leeré enterito.

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