Camino de regreso a Bolivia

Tras recorrer un poco del norte de Chile, empecé a sospechar que el país se andinizaba más y se peruanizaba y bolivianizaba por momentos. En Calama, Arica, Iquique, allí los rostros ya se volvían cobrizos, los rasgos de los ojos se empezaban a rasgar, las narices a achatar, el hablar se suavizaba y en los autobuses en los que la gente ya cargaba como en Bolivia bolsones descomunales (bolsas de cuadros plastificadas) e incluso en Arica una chica menuda y con brazos frágiles como las patitas de un insecto arrastraba una lavadora que introdujo en el autobús. De hecho, Iquique y Arica en su día fueron parte de Perú y Antofagasta fue Bolivia. Todo antes de la guerra del Pacífico (1879-1883) que dejó a Bolivia sin mar y emparedada, presa, entre sus montañas.

Por un momento, a las siete de la mañana, medio despierto, medio dormido, en la estación de Iquique -que huele a lonja, a pescado fresco- pensé que así sería una estación de buses boliviana en el futuro, o si existiese cierto orden y limpieza. Fue un pequeño delirio, feo e injusto. Bolivia parece que sigue disputándose el puesto de “país más pobre de América del Sur”.

Pero eran sólo impresiones vagas. Puros espejismos que mi mente quería asociar con Bolivia. La Paz, al llegar, te azota con contundencia. Las ilusiones se esfuman como la humedad y el oxígeno aquí.

Chile es lujo, comodidad y un primer mundo vistoso ordenado y organizado. Las carreteras del norte de Chile son puras autopistas, los autobuses al estilo argentino tienen semicama, azafatos y sirven desayuno. No hay cholitas con faldas que se recrecen en infinitas capas, ni pasajeros en los pasillos ni ovejas o cabras abordo. Ni coca que pijchear.

Mi idea era cruzar de Chile a Bolivia por carretera, pero el temporal de nieve y lluvia de los últimos días hizo imposible vadear pasos de montaña a casi 5.000 metros. Ahora mismo estoy viendo en la tele boliviana que hay 7.000 personas afectadas en la sierra de Lípez, un metro de nieve, personas incomunicadas y atrapadas en mitad de ninguna parte entre Uyuni y Chile. Turistas y pastores. Cuatro turistas están al sur de Lípez aislados. Hace una semana el ejército chileno rescató a un autobús con 40 pasajeros que pasaron 48h sin agua ni comida a 10 bajo cero. La Laguna colorada, reclamo turístico del sur de Bolivia, ha amanecido hoy a -18ºC.

Hace como 30 años que no llovía en Atacama en estas fechas. Es el desierto más árido del planeta. Menos de 1mm de agua al año y con lugares en los que no se registra una gota de agua desde hace doscientos años.

Al final opté por un avión que me llevó de Iquique a Arica y de ahí a La Paz. Esa mañana, apenas unas cuadras de la terminal de bus de Iquique el océano Pacífico rugía con olas descomunales. Todo gris, una niebla tremenda cerraba el cerro y el viento azotaba al mar para embravecerlo más.

Volé a Arica sin ver nada del paisaje. Pero en el trayecto Arica-La Paz, bajo la panza del aeroplano, se aplastaba una de las postales más impresionantes que he visto. Por detrás quedaba el océano Pacífico, del que huíamos camino de la cordillera Andina. El océano se encuentra de sin más mediadores con el desierto. Es un paisaje violento. Un par de acantilados o colinas de arena le ponen frontera al océano. Dicen los bolivianos que si hubiese un tsunami, Oruro tendría mar. Desde el océano hasta las cordillera andina sólo se extiende un llano infinito, anaranjado, roto, quebrado, con zanjas, cañones, grietas y manchas.

El desierto aquí da miedo y a pesar de su belleza desde la altura del aeroplano, a vista de cóndor, da también asco. Es tan rojo, tan naranja y tiene tantas grietas, está tan arañado que parece que es como si antes hubiese tenido otra piel, otra tierra, por encima de esta. Es un desierto despellejado. Le arrancaron la epidermis a tiras, levantada como tortura y dejaron al descubierto la dermis. Roja y ensangrentada: se ven los capilares, los músculos, los tendones de esta planicie árida. Es una tierra reseca y costrosa. La dibujan carreteras rectas, ríos muertos que renacen de tanto desde los cerros volcánicos.

Pero al fondo: la cordillera andina, unos cuantos cerros, puras pirámides con el cono nevado le daban portazo al desierto, elevaban el suelo hasta los 4.000 metros del altiplano y sobre ellos un cielo azul intenso sobre el que colgaba una Luna tremenda. Me imaginé por un momento a los incas y su fervor por la astronomía y sus exactas predicciones. Tenían un firmamento impresionante. Tanto que allí cerquita en Atacama se está instalando el observatorio más grande del mundo, tiene 300 noches despejadas al año.

Ese fascinante imperio de los incas, calzado por montañas, apuntalado al cielo, cae en desdicha cuando uno aterriza en el aeropuerto de La Paz: El Alto.

Ayer tarde atericé. Y lloré. Dos años más tarde, aquí sigue todo.

3 comentarios a “Camino de regreso a Bolivia”

  1. mòmo

    ¿Y qué hace un insecto con las patatitas? ¿Tortillica? Ánimo en tu nueva aventura, sea cual sea.

  2. Dani

    Jajaja. ¡Qué desliz más bueno! Lo corrijo, Momo.
    Muchas gracias, estoy escirbiendo a la carrera desde La Paz, con serios problemas de logísitca. La ciudad está aislada.

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