¡Al garete, Stephen Hawking! Gora Caos Fermín!

Salida de las peñas, en Pamplona.

Hace un puñado de minutos que un tremendo Big Bang ha estallado en Pamplona. Un Universo, un Cosmos inestable que se desparrama por las calles de una ciudad a presión durante nueve días.

Agujeros negros, bucles temporales, supernovas, estrellas fugaces, gente que satelita, soles, lados oscuros, algunos cuerpos que ejercen tremendo poder de atracción, algunos metoritos urbanos…  Más que al bueno de Ernest Hemingway, deberíamos a partir de ahora prestar atención a las teorías de Stephen Hawking, el astrofísico, para entender tan tremenda fiesta.

Sólo la Teoría del Caos es capaz de explicar, a la luz de las matemáticas, la física y la ciencia, que durante las fiestas de San Fermín los días no tengan fin. Ni principio. Pamplona excede la lógica. Por eso muchos pamploneses definen sus fiestas como el caos organizado.

Apenas 849 metros, en siete dosis de adrenalina pura de dos minutos de duración media, le han bastado a la añeja capital navarra para catapultarse a la fama mundial. Sin embargo, los encierros y los toros son apenas un apéndice minúsculo. Si restamos lo taurino, quedan 12.224 minutos de fiesta ininterrumpida. 24 horas de programa durante ocho días desde el mediodía del 6 de julio. 204 horas en las que es imposible dejar de escuchar música o algarabía ni un segundo.

La ciudad se desborda: de los 200.000 habitantes crece hasta los dos millones de personas encajonados en las estrechas calles de su casco antiguo. Afortunadamente, este caos se lleva ordenando, que se sepa, al menos durante los últimos 600 años y autoridades, servicios sanitarios y un programa festivo al detalle le ponen concierto.

Para leer más el reportaje que publiqué ayer en El Viajero de el diario El País:
24 horas inagotables.

O para ver más fotos de San Fermín de otros años en mi web, aquí.

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