La cara B de la (ninguneada) revolución islandesa

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[Advertencia: este artículo puede herir sensibilidades naif y hundir ánimos conspiradores].

Este fin de semana, Hordur Torfason, líder las protestas islandesas ha visitado Barcelona, Palma de Mallorca y Córdoba para apoyar al movimiento 15M y asistir a las manifestaciones del 19-J. Ha sido invitado por estas asambleas populares para compartir su experiencia. Es la señal de que el mensaje de la revolución islandesa sigue calando al sur de Europa. Recientemente le han entrevistado para TVE.

Yo conocí a Hordur en 2009, fue gracias a Elvira Méndez Pinedo, profesora de la Universidad de Islandia y experta en derecho europeo con la que coincidí en Reikiavik en mi primera visita en mayo de 2008.

Ella me indicó en aquellos convulsos días que la persona a la que sin duda no debía perder la pista era a Hordur Torfason, el alma de aquellas protestas que sábado tras sábado colapsaban la plaza Austurvöllur. Todavía nadie sospechaba que el descalabro del gobierno era cuestión de días. Entonces Hordur llevaba tres teléfonos móviles en el bolsillo, era el prototipo de revolucionario de la era Twitter.

Hace un par de semanas, cuando Sol en Madrid bullía, se me ocurrió telefonear a Hordur. Desde el año 2010 no charlaba con él. Es un tipo dicharachero y afable. Consideré que su experiencia sería interesante, aportaría argumentos nuevos a esas protestas de la Puerta del Sol que no concretaban ningún objetivo y parecían encasquillarse.

Le expliqué a Hordur qué estaba ocurriendo en España. Él no tenía ni idea. Se disculpó, me dijo que no veía la tele ni leía las noticias. Me contó que tras la caída del gobierno y la propuesta de nueva constitución islandesa decidió retirarse del ámbito público. Algo que coincide con lo que me prometió en 2009: para el éxito de la revolución hay que ser insistente, demandar unos objetivos, conseguirlos y luego retirarse a descansar.  Así lo hizo él.

Regresó a su refugio, a su estudio de Reikiavik, a componer música, cuidar a su padre enfermo y vivir tranquilo con su marido. No sigue las noticias. Aborrece la prensa islandesa y los medios tradicionales. Es comprensible. Los medios tradicionales en Islandia han estado desde tiempos del terremoto económico de 2008 controlados de forma explícita por los mismos magnates (y mangantes) que hundieron el país.

Es bueno explicar esto bien para entender por un lado porqué en Islandia sí se encarcelan banqueros (esto es lo que hace este caso posible, a diferencia de nuestro Emilio Botín, nos guste o no) y por qué se pide un periodismo más transparente allí (@Periodismo Real Ya).  Y cómo, no es comparable con lo que ocurre en España.

En Islandia el tufo a corrupción, tráfico de influencias y maquillajes en prensa tiraba tanto para atrás como un cachalote pudriéndose en la playa, pero mientras el país iba viento en popa, con ponerse una pinza en la nariz bastaba.

El tejido económico islandés no sólo estaba cosido con las mismas empresas y bancos, sino por las mismas familias.

Según la revista Forbes en marzo de 2008, Björgólfur Guðmundsson era el segundo hombre más rico de Islandia, el primero era su hijo. Juntos poseían la mayoría del fracasado banco Landsbanki, a su vez tres sociedades de las que eran propietarios eran las principales inversoras de la farmacéutica islandesa y de proyección internacional Actavis y la principal compañía de telefonía en la isla, Nova. También controlaban la editorial Árvakur que publica el diario Morgunblaðið, primer periódico en ventas. Entre otras extravagancias Guðmundsson compró en 2007 el 90% del West Ham, equipo de fútbol de la Premier inglesa y se autoproclamó presidente honorario vitalicio de la entidad.

Controlaban el mayor banco, el principal periódico, las telecomunicaciones y las grandes empresas del país. Casi nada. Para colmo sus sociedades invertían dinero en los otros bancos y cuando había que dar un empujoncillo a los inversores bastaba con publicar un artículo “amable” en SU periódico. El hecho de que nadie sospechase del tremendo batacazo de la economía islandesa, según están alumbrando las investigaciones es que hubo una gran porción de manipulación en prensa.

Los otros dos bancos que se evaporaron en 2008, Glitnir y Kaupthing, eran también entramados de otras dos poderosas familias. Un sinfín de empresas estaba bajo el paraguas y respaldo de estas familias y bancos, que también controlaban el resto de periódicos que quedaban en Islandia.

Otro ejemplo: el grupo de inversiones Baugur –que quebró en 2009-, investigado en su día por vínculos con la mafia rusa, dueño de los supermercados Bonus y cuyos propietarios son otra pareja de padre e hijo (Jóhannes Jónsson y Jón Ásgeir Jóhannesson) compraron en 2002 el diario más leído del país, el gratuito Fréttablaðið. Lo hicieron justo después de que acusasen a este grupo empresarial de irregularidades financieras. Qué casualidad.

El símil sería que en España, Emilio Botín, Amancio Ortega, Camps, Zapatero y Rajoy fuesen amigos, incluso familia, y controlasen los puestos de gobierno, fuesen los dueños de los tres grandes bancos y además esas cinco personas fuesen los amos de Vodafone, Movistar, El País, El Mundo, Telecinco, Carrefour y el Real Madrid. Si alguien es capaz de demostrar eso con tanta claridad como en Islandia quizás podamos ver a alguno entre rejas.

Pero esto no terminó en 2009. Empeoró. Sí, se encarcelan empresarios y banqueros en Islandia. Pero de poca monta.

Hoy, en 2011, el hombre que más daño hizo a la economía islandesa y el más escurridizo de la justicia, señalado por la revista TIME como uno de los 25 responsables de la crisis a nivel MUNDIAL, Davíð Oddson, es redactor jefe en el diario Morgunblaðið.

El Sr. Oddson es nada más y nada menos que la persona que más tiempo ha estado tocando poder en la historia de Islandia: fue alcalde de Reikiavik durante nueve años (1982-1991), luego Primer Ministro durante trece (1991-2004), después Ministro de Exteriores (2004-2005) y, lo mejor, se procuró una jubilación de lujo como Presidente del Banco Central de Islandia desde 2005 hasta que le echaron en 2009.

Se le podría calificar como un hábil malabarista de poltronas si no fuese porque durante sus años de Primer Ministro fue el artífice del ‘milagro’ islandés que luego desembocó en pesadilla. Fue suya la idea de liberalizar el mercado financiero (que los bancos pudiesen hacer lo que les diese la gana), subir los tipos de interés para estabilizar la inflación y que el Banco Central islandés no tuviese ningún tipo de timón político (donde luego él felizmente se autocolocó). Fue, él, el que destapó la barra libre islandesa de los bancos. El germen del colapso de 2008.

Desde que Oddson es redactor jefe del diario Morgunblaðið, un tercio de los suscriptores se han dado de baja. El periódico ha perdido 667 millones de coronas islandesas y su nombramiento ha sido señalado por la Comisión Especial de Investigación del parlamento islandés como el ejemplo de cómo los dueños de los periódicos en la isla no titubean en manipularlos.

Por eso, Hordur sigue sin leer hoy la prensa islandesa. Y Oddson sigue sin ser reclamado formalmente a la justicia.

Revolución ninguneada: no interesaba

Pocos conocían a Hordur Torfason hace unos meses. Hasta hace poco las escasas referencias en español que había sobre él en Internet, estaban en este blog o en unos pocos artículos, algunos publicados por mi. Basta revisar la caché de Google.

Fue divertido lo que ocurrió el 19 de mayo. Tras charlar con Hordur, le pedí que si le apetecía añadiese a la entrevista un mensaje para los acampados de Sol. Me lo envío y tuiteé su mensaje en trocitos. Tampoco le di mucha bola. Yo estaba en ciernes de publicar mi entrevista (que creo que era un mensaje más reflexivo y elaborado) en un par de medios.

Por sorpresa dos días después, el mismo Hordur con ayuda de un joven biólogo español que vive en Reikiavik, Ricardo, se grabó un vídeo que subió a Youtube con idéntico mensaje al que me envío a mi por mail. En tres días el vídeo alcanzó las 100.000 visitas y en cierta medida sepultó mi entrevista. En cualquier caso, tanto Ricardo en su blog como yo coincidimos en la sorpresa de tal repercusión. Para mi, algo impensable en 2009.

Aquella turbulenta semana en la que los islandeses tumbaron a su gobierno y perfilaron el plan de lo que han hecho estos dos años  yo fui el único corresponsal, periodista freelance, hispanohablante que estaba allí. Merodeaban Reikiavik también un equipo de la BBC y algún reportero danés o americano.

Durante estos dos años he seguido, con simpatía, la admiración con la que muchos blogueros, ciudadanos y gente inquieta ha ido descubriendo cómo los islandeses dieron pacíficamente la vuelta a la tortilla de su sistema.

Pero en este tiempo también he leído, escuchado y soportado perplejo cómo se extendía –especialmente este año- el rumor y la matraca de que la islandesa fue una revolución silenciada. Que nadie nos informó sobre ella. Se ha ido formando una leyenda en torno a la revolución islandesa, se ha convertido en una especie de mito urbano. Con una buena colección de medias verdades.

Se acusa a los medios de desinformar, de “taparla” por motivos siniestros. Muchos se preguntan por qué en estos dos años nunca recibimos noticia de tan tremenda revolución en Europa. Echan a su gobierno, reforman su constitución, pretenden encarcelar a sus banqueros y se niegan a pagar la deuda… ¡Y no nos quieren informar! Por algo será, ¿no?

Pues sí. Porque no importó un rábano. La islandesa no fue una revolución silenciada, fue una revolución ninguneada. Minusvalorada y empequeñecida.

El sábado 24 de enero, 7.000 personas abarrotaban la plaza del parlamento islandés en Reikiavik pidiendo la dimisión del gobierno, yo estaba allí. El 26 de enero de 2009 dimitía el gobierno islandés, yo estaba allí. Y lo conté. Y lo escribí. Mentiría como un bellaco si apoyase la teoría de que fue una revolución silenciada. Yo la cubrí, la relaté y la publiqué.

En aquel feliz tiempo, hace dos años, España aún no vivía en crisis sino en una circunstancia llamada “desaceleración”, “crecimiento negativo” y “oye, que no estamos tan mal”.  Lo que hiciesen o dejasen de hacer los 320.000 islandeses (la misma población que La Rioja) no dejaba de ser algo anecdótico y estrafalario.

Y yo sufrí eso. Publicar el reportaje en enero de 2009 no fue fácil. Pero tampoco me quejé. Fui yo, el que libremente decidió tomar un avión y plantarse en Reikiavik para ver con mis ojos qué ocurría. No le debo nada a nadie ni nadie a mí.

¿Por qué viajé a Islandia en enero de 2009?

Porque me olía (y me decían desde Islandia) que algo iba a pasar en aquellos días. Hay que saber que las revoluciones, como las crisis financieras, no brotan de la nada.

Visité por primera vez Islandia en la primavera de 2008, entonces el país cabalgaba sobre su propia inflación desbocada (un 14%) y mientras El País publicaba –de la mano de Carlin- que era el lugar más feliciano del planeta. La colonia de residentes españoles y los propios islandeses estaban que trinaban. Leían indignados aquel reportaje. La economía de la isla andaba desajustada y los recortes sociales se anunciaban, pero nadie se esperaba lo que se venía encima.

Tampoco en 2008 era una novedad aquello: a finales de 2007 la corona islandesa ya había perdido un 25% de su valor frente al euro y había sido calificada por The Economist como la divisa menos exitosa del año, sólo superada por el dólar de Zimbabue o la moneda de Turkmenistán. Algo asomaba.

Yo vivía en Inglaterra en enero de 2009. En la tele no dejaban de pasar noticias sobre la debacle islandesa. Tras la bancarrota, el gobierno británico aplicó la Ley Antiterrorista a Islandia. Las protestas se intensificaban en Rekiavik. Decidí reservar un vuelo aquella semana, fui testigo en directo de las manifestaciones, las propuestas ciudadanas, los nuevos partidos políticos y cómo cayó el gobierno.

Pocos medios se interesaron por la noticia entonces, a pesar de que yo les telefoneaba desde Islandia, muchos prefirieron no tratar el tema por “falta de espacio”, porque en ese momento no compraban artículos o porque no les interesaba. Nada nuevo, la verdad. Cualquiera que sepa cómo funciona este mercado no se sorprenderá. No hay nada siniestro.

Nada nuevo

Cuando tras 16 semanas seguidas de protestas estos pacíficos rubiales derrocaron al gobierno que les había conducido a la bancarrota, sí que se publicaron varios artículos al respecto. Todo noticias de agencia, casi ninguna escrita desde Reikiavik.

¿Qué fue lo que interesó a la prensa española? ¿Cuál fue el titular de aquella revolución? Ni reformas de constituciones ni banqueros, si no esto (El País). O esto (BBC). Y hay más: RTVE, ABC, Clarín

Se ninguneó y menospreció el hito que habían alcanzado los islandeses.

Finalmente, en febrero (tras la caída del gobierno), marzo y abril (tras las elecciones), publiqué mis artículos en media docena de medios regionales (principalmente vasco-navarros), el semanario Tiempo de Hoy, del grupo Zeta, y un reportaje amplio en la revista Nuestro Tiempo, editada en la Universidad de Navarra.

Pongo como referencias dos de estos reportajes que publiqué y que están accesibles en la red desde el año 2009.

En ambos artículos se puede leer (repito publicado en 2009) que los islandeses iban a reformar su constitución, pedían una nueva ley electoral y pretendían enjaular a sus banqueros.

Por tanto, nada, ABSOLUTAMENTE NADA NUEVO sabemos hoy que no supiésemos ya en 2009.

Sobre este aspecto se puede leer en esos reportajes que la jueza franco-noruega Eva Joly había sido nombrada jefa de la de comisión de investigación que trataría de desmenuzar las relaciones entre inversores, banqueros, políticos, empresarios y su implicación con la crisis. A los responsables se le imputarán cargos criminales y penales llegado el caso. Cosa que está ocurriendo ahora.

La investigación lleva dos años en marcha. En todo este tiempo, hasta este año poco o nada he leído al respecto. Pero como he explicado: en Islandia con tan pocos habitantes eran bastantes obvios los entramados de influencias. Quizá en cualquier otro lugar no es posible encarcelar banqueros, y en cualquier caso, hace falta demostrar esa responsabilidad.

Entonces, en 2009, poco interesaron esas historias.

Hoy, dos años más tarde, aquí estamos enfangados hasta las cejas. El estado español es el último de los cerditos (PIGS, cerdos en inglés, son las siglas de Portugal, Irlanda, Grecia y eSpaña –Spain-) en retozarse en el lodo de los ajustes y demás fangos económicamente catastróficos. Y ahora sí interesa.

Ahora, mis artículos reflotan, se enlazan en foros, blogs y los vuelvo a publicar y me invitan a conferencias, como el pasado abril, en la Universidad de Santiago de Compostela para que hable de aquella revolución y voy feliz y contento. Deseo compartir lo que vivieron los islandeses aquellos días y lo que están haciendo ahora.

La gente rebusca información y clama que la islandesa fue una revolución silenciada. Ahora me da la sensación que ocurre lo contrario: se ha engrandecido aquella revolución de las sartenes como hito para problemas ajenos.

Falta autocrítica: Efectivamente y no

Los islandeses deciden no pagar. Sí, pero no pagar las deudas que adquirieron sus bancos en el extranjero. De pagar las deudas personales no les salva nadie.

Simplemente para Islandia era imposible rescatar a sus bancos –de haber podido, quizás lo hubiesen hecho- la realidad es que la deuda era 9 veces superior al PIB del país. Inasumible. Y sus ciudadanos, dieron ejemplo al mundo, al decidir no rescatar a sus bancos, empresas privadas, al fin y al cabo. Votaron en referéndum no pagar esa deuda. Y eso sin duda es un ejemplo de ciudadanía y democracia.

Lo explica de forma excepcional Elvira Méndez, madrileña a la que el parlamento islandés encargó elaborar los folletos para aquel referéndum, en este vídeo. He leído en bastantes sitios que aquel referéndum se ganó el ‘no’ por un 93%, es falso. En realidad fue un 60%, como explica Elvira en el vídeo.

Otro de los mitos españolizados es que los islandeses no tienen que pagar sus créditos, hipotecas y préstamos que adquirieron. Es triste pero sí que tienen que hacerlo. Charlando con Hordur el otro día me decía: “¿Has visto alguna vez algún banco que regale algo? Yo tampoco”.

Hordur echa en falta en Islandia cierto espíritu de autocrítica.

Los banqueros la pifiaron, pero ¿quién obligó a gente de 50 años meterse a una nueva hipoteca y comprarse una casa nueva o más grande a pagar en 20 años? ¿Qué necesidad había de cambiar de coche cada dos o tres años y pedir un préstamo? Los islandeses vivían en préstamos sí, pero nadie puso una pistola en la sien para firmar nuevos créditos.

A mí me recuerda la gente que en España inflaba hipotecas para comprarse un coche o pedía préstamos para irse de vacaciones. En Islandia el drama fue que los créditos se pedían en moneda extranjera y la corona se hundió por lo que sus hipotecas se duplicaron o triplicaron.

Hay asuntos mejorables y debemos exigirlos: los desahucios, dejar a familias en la calle o que la devolución del piso no anule la deuda. No es ni digno, ni humano ni ayuda a salir de la crisis. Pero igualmente creo que fallamos en humildad y autocrítica, como en Islandia. Mucha gente confunde el caso islandés de no pagar la deuda extranjera con no pagar las deudas personales.

He oído en España el naif argumento de que los islandeses no pagan sus deudas para justificar un ejercicio de escapismo, tratando de buscar una salida infantil para las propias deudas y letras sobre-hinchados en los que sólo la avaricia o la falta de humildad o austeridad empujaron a uno mismo a firmar.

Tanto Hordur -músico y artista- como yo -periodista freelance- coincidimos en que es todo cuestión de actitud, difícilmente nos pillarán a él o a mi en algo así. Yo como freelance tengo unos muy exiguos e irregulares ingresos, pero por eso mismo, porque sé que mis ingresos son precarios, decido no endeudarme, ahorrar y no formar parte de la rueda de las deudas y los créditos. Tengo poco, pero cuando lo gasto o guardo, sólo respondo ante mi. Hordur, igual.

Y encarcelan banqueros, sí. Pero sólo a algunos. El hito islandés ha sido sentar en el banquillo de los acusados a políticos como al ex Primer Ministro Geir Haarde, por responsabilidades sobre la crisis. Por lo visto, ocultó datos y trató de disimular aún a sabiendas de la situación de los bancos.

Dos años mordiéndome la lengua

Llevo dos años mordiéndome la lengua y esto es, creo, todo lo que tenía que decir.

Pude haberme subido al carro de arengar y jalear que efectivamente esta fue una revolución silenciada. Quizás me hubiese favorecido ser beligerante, hubiese ganado notoriedad. Un poco de mala leche o una salida de tono a tiempo siempre ayuda a recordar una frase más que una sonrisa. Eso lo saben bien Pérez-Reverte, Juanito Oiarzabal y otros vinagres memorables.

Podría haber arremetido públicamente diciendo que los medios son un pastiche de empresas con intereses comerciales, cuya materia prima para después obtener beneficios es la información. Ah, perdón, que me lio. Esto último, lo de los medios, que sí. Que es verdad. Lo digo, lo afirmo y lo confirmo. ¡Claro que son así! Y además, no lo ocultan. Ni les da vergüenza. O no debería. Es inocentón pensar que las empresas de comunicación no son, pues eso, empresas.

Pero, si yo afirmase lo otro, que nadie nos informó de los sartenazos islandeses, sería deshonesto conmigo. Yo sí informé, yo sí estuve allí y lo relaté, escribí y  publiqué. Sé que la relevancia y el impacto que tuvo no fue grande, que en su momento no interesó, pero ahí queda. Yo fui testigo de aquello y en todo este tiempo no me ha sorprendido nada de lo que han hecho los islandeses.

* * *

Imágenes sobre las protestas islandesas.

7 Comentarios

  1. ¡¡¡Madre mía!!! Yo te leí esos artículos (y también las dificultades que tuviste para publicarlos y malcobrarlos). Aunque sabía poco de Islandia, lo sabía todo por ti y si alguna vez me venía alguna duda al respecto, pensaba en ti para que me respondieras.
    Hiciste un buen trabajo y ahí queda eso. Gracias.

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  4. Cris dice

    Algunos si sabiamos un poquito gracias a ti! Y yo tb me acuerdo de como estubiste alli en primera persona, y luego los articulos o no se vendian/o eran absolutamente mal pagados… de todas formas merecio la pena,muy bueno el articulo Dani. Totalmente de acuerdo en que tenemos que aceptar nuestra responsabilidad, por dejar que esto pasara mientras viviamos en nuestra burbuja. Por otra parte, somos parte debil ya que falta informacion. Y la informacion que tenemos esta distorsionada, como bien dices en el articulo. Los medios, ya sean publicos o privados siempre van a tener un dueno, que dara la informacion de la manera que mas le interese. Ante eso no podemos hacer mucho.

  5. carlos 'kikucule' dice

    Yo recuerdo leer algo, creo era en -el periódico de Catalunya-, tienes muchísima información.
    Hay un periodista que está muy implicado en el movimiento 15M, supongo que conoceréis a Carlos Carnicero.. lo estoy siguiendo en twitter @ccarnicero y sería interesante que te pusieras en contacto con el, incluso en su blog habla de que se está jugando el puesto de trabajo y su futuro como periodista, sé que colabora con -El País- y -Cadena Ser

    Saludos y hasta otra.
    P.D. estuve en la mani de BCN y fue expecatcular!!

  6. Marc, gracias por estar ahí. De incondicional. Efectivamente, mi consuelo es que ahí queda todo esto. Publicado en 2009.

    Cris, somos el eslabón débil, sí. Pero nada que ver con cómo manipulan otros medios como en Islandia, donde es evidente y descarado. Aquí si no se informó es sólo porque no interesó, al menos desde mi punto de vista como afectado y como periodista. Gracias, Cris, por acompañarme mentalmente entonces y ahora, en aquellos viajes. Un beso, granuja.

    Carlos, muchas gracias por la información. Revisaré lo que me dices. Sí, tengo batsante información porque llevo casi dos años siguiendo el tema. Un fuerte abrazo.

  7. Elvira dice

    Hola, muchas gracias por tu blog. Tengo que apuntarte una cosa: hubo dos referendums. El primero de 2010 ganó el no por 93% , otro segundo ya en 2011 ganó el no por un 60%.
    Un saludo desde Reykjavík, Elvira

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