Es la historia, no la foto

“It’s more about the story than the photography, I almost had to put the photography second. As a photographer that prioritising doesn’t feel right but the storytelling is really crucially important. The point of the book is to raise awareness – hopefully some good will come of it.”
– Alixandra Fazzina, fotoperiodista

Alixandra Fazzina dedicó más de dos años a documentar el éxodo de emigrantes desde las costas de Somalia hacia la península arábiga, les acompañó en su periplo por tierra, viajó en convoyes con las mafias que trafican con seres humanos y fotografió cómo, a la postre, atraviesan el golfo de Adén en cascarones de madera. Sorteando la deshidratación, los peligros del mar, y lo peor, la posibilidad de morir acribillados a tiros por los propios capos que les llevan hasta la costa colocados por el kat y otras drogas o por alguna de las facciones que tratan de domar el país a golpe de plomo y pólvora.

Elaboró una crónica con imágenes que publicó en el libro ‘A Million Shillings –Escape from Somalia’ (Un millón de chelines – Escapar de Somalia).

Un gran reportaje en uno de los países más peligrosos del planeta, donde apenas un par de ONGs trabajan, un estado sin gobierno sumido en una guerra civil, un país de piratas, contrabandistas y ejércitos tribales que entre otras cosas se dedican al lucrativo negocio del secuestro de los pocos occidentales que ponen pie en su tierra.

Muchas de las fotografías, decenas de ellas, están desenfocadas, borrosas, trepidadas, movidas, oscuras… Unas fotografías que por sí mismas, posiblemente sería difícil que ilustrasen un artículo de un periódico. Pero sólo si obviásemos la historia que acompaña a las fotos y si obviásemos el trabajo en conjunto. En su conjunto, en realidad, las imágenes clandestinas de Fazzina son el relato más fiel y más preciso de una historia terrible, es un tremendo reportaje y de gran calidad artística y, sobre todo, periodística.

Lo que demuestra este trabajo es que le excelencia fotográfica en el periodismo, a menudo no se demuestra en la excelencia o pulcritud de la técnica fotográfica, incluso en la belleza de una imagen, sino en la capacidad de construir una historia.

La ‘otra historia’

Durante su trabajo, la fotoperiodista británica encaró la muerte. La ajena, de los migrantes que no consiguieron llegar a su destino y la propia (al ser encañonada o disparada, directamente a los pies como advertencia por los contrabandistas). En principio Fazzina pretendía acompañar en el bote a un grupo de somalís en su éxodo hacia Yemen. Pronto se percató de la imposibilidad de semejante viaje. De un grupo de 135 personas que fotografió saliendo de Somalia, sólo 11 sobrevivieron.

Otras de las fotografías que no tomó o que no incluyó en el libro eran, por ejemplo, los grupos de mujeres esperando, nerviosas y sonrientes hacia la cámara, conversando con la autora antes de enrolarse en una de las embarcaciones en las que horas más tarde morirían. La periodista no incluyó esas imágenes porque tenían demasiada implicación personal. “No quería que el libro tratase sobre mí”, relató en una entrevista Fazzina al British Journal of Photography.

Alixandra también muestra el áspero destino de aquellos que superan el viaje y llegan a Yemen o Arabia: instalados en empobrecidos campos de refugiados, probando suerte en cualquier lugar, tratando de migrar más lejos, quizás a Europa, atravesando desiertos y fronteras.

Reconoce que muchas imágenes no fueron tomadas porque era muy peligroso estar en la primera línea o porque simplemente dejó la cámara en el suelo para salir corriendo y ayudar a otros. Narra cómo en una de las playas, sólo ella y su traductor eran las únicas personas que estaban presentes cuando uno de los barcos en su errático trayecto arribó con moribundos, deshidratados refugiados, algunos, y cadáveres, otros, a tierra. Inmediatamente dejó de sacar fotos y se pusieron a ayudar a los débiles supervivientes.

“Como ser humano tienes que intervenir, a pesar de que probablemente hubiese sido una de las imágenes más dramáticas que nunca jamás hubiese podido capturar”, explica.

* * *

Alixandra Fazzina (Londres, 1974) centra su trabajo fotográfico en las consecuencias, muchas veces olvidadas o ninguneadas, de los conflictos bélicos o crisis humanitarias. Estudió Bellas Artes y comenzó su carrera como reportera de guerra en Bosnia. Ha publicado en una decena de periódicos como The Guardian, The New York Times, The Sunday Times, The Independent, las revistas TIME o Newsweek.

En 2010 recibió el premio Nansen del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en reconocimiento por su trabajo sobre los desplazados y refugiados. Actualmente reside en Pakistán.

Vídeo imprescindible: Así trabaja Alix Fazzina.

* * *

Estas son algunas de las historias y asuntos que me emocionan como profesional y que desde hace 20 días trato de enseñar a mis alumnos de la Universidad de Montevideo, en Uruguay. Me vine el pasado 4 de junio como profesor y estaré hasta julio por aquí.

Vaya por delante que no soy fotógrafo, si acaso fotoperiodista. Respeto y, sobre todo, admiro mucho a la profesión de los fotógrafos -la gente que estudia y profesionaliza esta disciplina, y hace con ellas historias pero también arte-. La mía es el periodismo y lo que yo hago, aprendo y enseño es cómo se construyen historias con texto, con imágenes o lo que se preste. Obviamente, ambas disciplinas se entremezclan.  Y yo lo poco que sé es eso, cómo se entienden y complementan.

Hablo de esto también aquí:

Daniel Burgui Iguzkiza: «Necesitamos compartir más tiempo con los protagonistas de nuestras historias».

2 comentarios a “Es la historia, no la foto”

  1. Marc Roig Tió

    Así que estás ahora en Uruguay. Tú tampoco paras, ¿eh?
    Increíble el trabajo de Alixandra Fazzina. Desde aquí sólo se escuchan las noticias muy malas de Somalia, pero cuando estoy por Kenia descubro más de este país. Me sorprende que haya estado dos años por la zona, cuando los periodistas que viajan ahí requieren mucho servicio privado de seguridad (que hasta puede venderte a los secuestradores). Y las imágenes… pues algunas son tremendas. Me ha sorprendido una de unos cadáveres en la costa de Yemen; los enterraron tan cerca de las olas que al poco tiempo la arena empezó a desaparecer.
    Que te vaya bien (y escribe más a menudo).

  2. Dani

    Marc: Alixandra, de hecho, dedicó más de dos años, casi tres. No fueron seguidos, pero pasó largas temporadas de meses en el país. Cuenta que se ganó la protección de uno de los capos y mafiosos que se dedica a «vender» pasajes a estos refugiados (que o bien huyen de la guerra o bien del hambre). También parte de ese tiempo lo dedicó en Yemen (que tampoco es un lugar tranquilo) retratando cómo y qué vida llevan los que sobreviven.

    Somalia para mi es lo más parecido al caos. Como dices, ninguna noticia buena. Hace años que apenas hay ONGs y como bien sabes tampoco lo frecuentan occidentales. Me encantaría acompañarte por Kenia y al norte, ya sabes, cerca de Sudán. Abrazo.

    P.D.: Este año está siendo una locura, sólo pasé ocho días por mi casa. Regresé de Kirguistán, vacié el petate, lo rehice y me vine para Sudamérica.

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