“Las Beckham” de Urundayti

Mientras piden cambio en el equipo, una gallina cacarea alterada e invade la banda. “Ven, que la niña está llorando”, le dicen a la jugadora saliente. Un bebé de cinco meses no para de chillar y las ancianas que la tienen y las compañeras de equipo no logran calmarla. Así que se se efectúa el cambio, para que la mamá—la fortachona defensa del equipo de Camiri—se retire, dé el relevo a una compañera (el único recambio que tiene el once de Camiri) y calme a la niña. Éste es un buen motivo para que el entrenador pida el cambio en el campo de Urundayti.

Un perro esmirriado persigue a las jugadoras y quiere sacar desde el centro del campo, un anciano con la cara apergaminada y la voz de “tomadito” anda al desquite con indicaciones de técnico y piruetas de manos y brazos confusas para el equipo, unas señoronas sentadas en sillas diminutas y los ojillos convertidos en una rayita negra disfrutan tranquilas del encuentro y una decena de niños se emboba con la coreografía errática que ofrecen las piernas de las jugadoras: chutes, regates y robadas. Entre el público, algunos hombres con los niños en brazos. Estos son los prolegómenos de la previa del partido.

Las cagarrutas de gallina y oveja, desparramadas y desbordantes en el campo, ofrecen un rodamiento especial bajo las botas de las jugadoras. La portería (el arco) levantado con varias tuberías se le hace un poco grande a las arquera del equipo local y los matojillos de hierba se levantan como lechugas. Pero este campo destartalado es para las jugadoras del MOMIN (MOvimiento de Mujeres Indígenas del Mundo) un auténtico estadio de fútbol, en el que se sienten campeonas unos minutos al día.

Los goles son los de menos. La alegría y energía con la que llegan al campo de jugar convierte este patatal en un estadio olímpico, al menos en ilusión. Muchas han de salvar las broncas del marido o novio, incluso las palizas para venir a jugar. Otras son madres solteras con cuatro o cinco hijos (o bastantes más). Otras quieren jugar incluso estando embarazadas. La edad de “las fichas” de estas madres jugadoras es un abanico amplísimo que oscila entre los 15 o 16 años de las más jóvenes hasta los 40 o 50 de algunas otras.

Urundayti es una comunidad guaraní (o chiriguana) del Chaco boliviano. Cae a unos 15 kilómetros de Camiri, ciudad que brotó hace 75 años alrededor de los pozos petrolíferos y donde pasó el Ché en su última cruzada revolucionaria que le condujo a la muerte en las sierras bolivianas. Y es aquí donde un grupo de mujeres y madres indígenas guaraníes han construído una burbujita, su espacio: han formado varios equipos de fútbol y juegan una liguilla. Este año estuvieron a punto de asistir a la Donosti Cup (un campeonato de fútbol que se celebra en la ciudad de San Sebastián-Donostia y en el que cada año participan equipos de todo el mundo, y gracias a este enlace del tío de Ander Izagirre, que participa desde hace años en la organización de este evento, hemos llegado a parar aquí, y también para transmitrirles un poco de ilusión y aliento a estas madres futbolistas. Durante este día fuimos una capsulita de esperanza nosotros también. Esperamos verlas en la Donosti Cup 2010).

Estas madres guraníes entrenan entre semana sacándo tiempo de las tareas del hogar, de los niños y de muchos trabajos que tienen como vendedoras de comida callejeras, lavando ropa ajena en su casa o de sirvientas en otros hogares más acomodados. A muchas no les alcanza para la comida o la ropita de los niños con los recursos que tienen.

Ayer asistimos a un impresionante “torneo” (más bien era el partido que juegan todos los domingo en Urundayti) entre los equipos de mujeres de Boyuibe, Camiri y Urudayti. Fue espectacular. Éstas mujeres, según nos cuenta Margoth —una mujer inagotable y la auténtica artífice y motor de la mayoría de las actividades del MoMIM—han conseguido recuperar su autoestima, su ilusión y quererse un poquito más, olvidar su problemas y sentirse mejor, gracias a algo tan simple y tan sencillo como jugar al fútbol. Tener una actividad donde organizarse, conversar, liberar tensiones y tener complicidad con otras mujeres. “Cuando llegaron, eran muditas, no hablaban nada”, confiesa Carlos, su entrenador.

Hay también mujeres (algunas, muy poquitas) que son profesionales: hay una que le llaman “La Beckham” y estudia Derecho, otra estudia enfermería y ya hay una odontóloga. Aunque la mayoría son madres muy jóvenes. El de Urundayti será uno de los pocos campos de fútbol en los que antes de que empiece el encuentro, en los vestuarios, las jugadoras se remangan la “polera” (camiseta) y dan de mamar. Y al minuto están pateando al campo y regateando.

Margoth nos comenta sobre una chica que hace unos pases excelentes y le gustaría que fuese el año que viene a Donosti: “Ésta es muy buena jugadora, ojalá vaya a la Donosti Cup… si no se queda embrazada dentro de poco”.

Las señoras llegan desde comunidades más lejanas como Boyuibe en una micro (una furgoneta reconvertida en minibus), en el que como en el circo se embute todo el equipo en las escasas plazas de la furgoneta. A Margoth le piden cada equipo, que por favor, las acompañe. Le quieren una barbaridad. “Aquí, muchas mujeres al principio se pensaban que les íbamos a dar algo, que esto era beneficiencia, pero aquí lo que les enseñamos fue construir algo entre todas”, sentencia Margoth sobre la filosofía del movimiento del MoMIM.

Estas son algunas fotografías y esbozos, ideas sueltas, impresiones del partidazo de fútbol al que asistimos ayer. Todas las señoras y jóvenes nos aseguraban que eran solteras cuando hablaban con Ander y conmigo. El entreador Carlos, por su parte, parecía más interesado en fichar a Elena para el equipo.

Estoy seguro de que Ander publicará en breve algunas impresiones y alguna nota más interesante que esta. Yo por si acaso aquí os dejo estas imágenes que por fin he conseguido subir desde un ciber de Santa Cruz. Esta tarde marchamos de nuevo al altiplano, a La Paz, y remataremos la última semana del viaje en el lago Titicaca.

4 comentarios a ““Las Beckham” de Urundayti”

  1. leitzaran

    Cuando volváis tenéis que montar alguna proyección y contar muchas cosas.

    A ver si es cierto y les vemos el año que viene en la Donosti Cup.

  2. June

    Entre la crónica de Ander y la tuya, nos habéis teletransportado a la alegría, la algarabía, la ilusión, la distracción por unos minutos de dramas personales tremendos… Preciosas las fotos.

    Quería escribir sobre el viaje de Ander (y tuyo, pero hasta ahora no te conocía) en mi blog, y me he tomado la libertad de utilizar una de estas fotos, citándote y enlazándote. Si te parece mal, házmelo saber lo antes posible (escríbeme si quieres a june.fernandez1(a)gmail.com) y las borraré de inmediato. Gracias (o perdón) de antemano y feliz vuelta a casa.

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