Una pancarta revejida

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En algún rincón de la casa de Pauline Smith estaba escondida aquella pancarta.

Llevaba 30 años esperando a sacarla de nuevo. La pancarta estaba revejida: hecha vieja antes de tiempo, porque a Pauline le valía a las mil maravillas. Le dio unos cuantos toques nuevos y como no debió encontrar ningún palo decente antes de salir a la calle le colocó lo primero que tuvo a mano: un plumero. Que le hacía las veces de mango y seguro que se cansaba menos.

Cuando localicé a Pauline estaba en medio de la jaleante y alteradísima multitud, sacándose unas fotos con unas chicas anarquistas. La verdad es que la señora tiene una cara de adorable que no puede con ella. Si estuviese un poco más vigorosa teníamos que haberla puesto frente a los centenares de policías antidisturbios repartiendo galletas y vasos de leche. A ver si se calmaba el asunto.

A pocos metros de Pauline unos jóvenes manifestantes rompían y atacaban una sucursal del Royal Bank of Scotland y los primeros disturbios y cargas policiales brotaron entre la multitud. Era el 1 de abril de 2009 en la city londinense (el centro financiero de la ciudad), estábamos en la esquina del Real Banco de Inglaterra en mitad de la marea humana que protestaba contra la cumbre del g20 y la descomunal crisis que azota a medio mundo (al otro medio no sabemos aún si le azota o no, porque como, total, es de esa otra mitad de la que nunca tenemos noticias… ¡pues plim!).

Pauline Smith tiene 70 años y llamaba la atención verla entre el gentío, eminentemente juvenil, de la manifestación. Mucha gente se sacaba fotos con ella y con su pancarta, que según me contó tenía unos 30 años. La utilizó en eventos contra la guerra de Vietnam, por ejemplo. En el cartel aparecía el dibujo de un globo terráqueo amenazado por diferentes marcas multinacionales (como Mc Donalds, Shell, Disney, Coca-Cola, Pepsi, Esso, Tesco, etc.), también unos cuántos misiles nucleares apuntaban hacia la Tierra, en ellos se podía leer USA, Rusia o India-Pakistán. Adornaban la ilustración unos símbolos de euros, yenes, libras y dólares sangrantes y nombres de conflictos como Afganistán o Irak.

La anciana, que había sido una antigua lollipop (unas señoras que sostienen un cartel en los pasos de cebra y dan o niegan el paso a grupos de peatones, especialmente niños) tenía callo sosteniendo pancartas, revelaba el que era según ella secreto ácido y triste de su pancarta: seguía en vigor. “Las multinacionales que explotaban hace años son las mismas no han cambiado y respecto al resto… sólo ha bastado con hacer algunas modificaciones”, explicaba. Así donde antaño ponía “URSS” plantó con rotulador “Russia”. Puso unas cuantas pegatinas encima para tapar algunas cosas del pasado y sustituirlas por las del presente, en vez de Vietnam, Afganistán o Irak. Y listo.

Me dijo que seguiría sacando la pancarta hasta que las cosas cambiasen un poco. Para recordar a la gente que los problemas siguen siendo los mismo que hace años. ¿Por qué estaba en las manifestaciones? “Pues porque había que protestar contra los bancos, los banqueros y el sistema que nos había traído a esta situación de desigualdad mundial y crisis”, explicaba. “Es cierto que a mi hijo no le hacía mucha gracia que viniese, pero como ni él ni mis nietos podían venir hoy porque tenían que trabajar y estudiar, pues vengo yo en vez de ellos, de parte de los familiares que no pueden venir a protestar. Es un compromiso social”, apuntaba con rotundidad.

Al dorso de su pancarta se leía algo así como: “Erradiquemos la pobreza”. Lo cierto es que antes de hablar con ella yo la había visto asomando la cabecita y agitando la pancarta dentro del cuerpo de la manifestación y estaba sufriendo por ella. “Bueno, la gente ve que soy mayor y me respeta, sí que me da un poco de miedo que me empujen, pero estar aquí rodeada de tanta gente joven me da vigor y energía. Esto es lo que tenía que hacer”, aseguraba.

Charlamos un poco más, me preguntó de dónde venía yo, qué hacía y demás. Se sacó un par de fotos más con algunas muchachas. Era adorable todo el mundo quería hablar con ella, así que enseguida me despachó. ¡Se iba a perder el ritmo de la marcha que seguía avanzando calle abajo!

P.D.: Aquí os dejo un pequeño vídeo que elaboré con diferentes fotografías que saqué en las manifestaciones del G20. ¡Amenizado con el ritmo de los Sex Pistols!

Anarchy in the UK – G20 protests in London from dburgui on Vimeo.

2 Comentarios

  1. ¡Bravo, Dani! Con estas piezas magníficas, aún nos dan más sed las sequías a las que nos sometes a tus lectores. ¡Escribe, escribe, que te esperamos!

  2. Maite dice

    Burgui. Joe me encanta como escribes que sepas que ganas una fan de tus articulos.Nos vemos.

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