Islandia coge la sartén por el mango

4 comentarios
Blog antiguo (2007-2014) / Reportajes

Los pacíficos islandeses han recuperado su embroncado carácter vikingo y han echado a sartenazos al gobierno que llevó su país a la bancarrota. Dieciséis intensas semanas de protestas han sacudido Reikiavik. Por primera vez la izquierda llega al poder de la arruinada isla y el Presidente de la República y los ciudadanos piden una nueva constitución, quieren refundar el país.

REIKIAVIK (Islandia). | Daniel Burgui Iguzkiza

“¡Viva la revolución!” decía con una gran sonrisa y en un atragantado español Grétar Eiríksson de 39 años mientras aporreaba una cacerola frente al parlamento islandés el pasado lunes. “He venido aquí a celebrar que por fin el gobierno ha caído” aseguraba. No importaba que estuviera lloviznando. En la plaza tiraban cohetes, petardos y fuegos artificiales. El Gobierno de Islandia se convertía así en el primero en ser tumbado por la crisis. Y las masivas protestas han sido su estocada mortal. Para los patrones políticos del que en 2008 era el país más desarrollado y pacífico del planeta las últimas semanas han sido, de hecho, una revolución: las manifestaciones masivas, los primeros disturbios y cargas policiales desde 1949, un gobierno conservador que dimite en pleno, los anarquistas prenden hogueras y coronan el parlamento con la bandera de una cadena de supermercados, una Primer Ministra abiertamente gay toma las riendas de la nación y por primera vez en la historia de la república la izquierda-verde llega al poder. Los islandeses han descubierto la presión social que pueden ejercer y han decidido coger la sartén por el mango.

Grétar Eiríksson, que ha visto reducida su jornada laboral a tan sólo cuatro horas y vive solo con sus dos hijas de 11 y 15 años, lleva 16 semanas acudiendo con rigurosa devoción a las manifestaciones que se han organizado en el centro de Reikiavik desde que en octubre el país sufriese el peor terremoto de su historia, no geológico sino económico. “Ahora tengo mucho tiempo libre”, comentaba Eiríksson con ironía. “No lo estoy pasando bien, no tenía grandes deudas pero tengo dos niñas que alimentar”. Le acompañaba su madre, una rechoncha jubilada islandesa afectada también por el azote bancario en las pensiones.

Hörður Torfasson recuerda que a las primeras manifestaciones frente al Parlamento apenas acudían 15 personas. Éste artista y escritor islandés es el cabecilla del movimiento ciudadano que organiza las manifestaciones. En aquellos primeros días de octubre la gente se paraba y les preguntaba qué estaban haciendo, cuál era el motivo de las protestas. “Es increíble pero hemos tenido que enseñar a los islandeses a manifestarse. No estaban acostumbrados” relata Hörður que es conocido por su activismo y militancia en el movimiento gay y que ha vivido gran parte de su vida en Dinamarca e Inglaterra. “Crear las primeras asociaciones gay en Islandia me costó más de cuatro años, organizar manifestaciones de verdad con la crisis ha costado un par de meses, no está mal para Islandia”, comenta jocoso.

Conforme pasaban las semanas y llegaban las facturas a las protestas comenzaba a acudir más gente. A los empleados de las sucursales cercanas, al lado del parlamento tiene sus oficinas Landsbankinn –uno de los tres bancos en quiebra-, les repartieron tapones para los oídos para que aguantasen el tipo. Los islandeses llamaron a sus protestas “la revolución de la sartén”. “Me recuerda a las caceroladas que hubo en Buenos Aires” comenta María Eugenia, una argentina que desde el año 2000 un poco antes del colapso de la economía en su país llegó a Islandia a estudiar, conoció a un islandés y se quedó. Estas Navidades ha sido su madre la que se ha acercado hasta Islandia. “Y gracias a sus billetes de avión hemos podido cambiar algunas coronas a dólares, si no muestras un billete de avión no te permiten cambiar la divisa. Es casi como lo que vivimos en Argentina cuando me casé y no pudimos sacar el dinerito que mi familia nos quería regalar”, relata.

El 10 de noviembre marcó el cambio del curso de las manifestaciones en Reikiavik cuando un joven anarquista trepó hasta el tejado del Alþingi (el parlamento islandés) quitó la bandera del país del mástil y la sustituyó por la enseña de la cadena de supermercados Bonus, los más económicos: una bandera amarilla con cerdo-hucha rosado sonriente presidía la fachada del parlamento más antiguo del mundo. La imagen noqueó a los islandeses. “Los políticos nos decían que no ocurría nada, que no era hora de buscar responsables, que era el momento de estar unidos y salir adelante. Al principio la gente les creyó, pero no podían lavarse las manos eternamente. Son los responsables de esto. Me dijeron personalmente que por mucho ruido que hiciésemos, eso no iba a mejorar nada”, cuenta indignado Hörður Torfasson.

Y de momento… hasta aquí puedo leer.

Es un trocito de parte del material que he elaborado y estoy elaborando sobre la crisis islandesa. La foto es de las masivas manifestaciones del sábado 24 de enero de 2009. Aterricé el 23 de enero viernes y me econtré con este panorama. Sin duda, una semana que forma parte ya de la historia de la joven república de Islandia y de la anquitísima colonia vikinga.

4 Comentarios

  1. Miguel dice

    Muy bien Dani, esto sí que es contar la realidad y no lo que hacen otros periodistas.
    A ver si la próxima vez que vengas es para turistear….:-)

  2. desertora dice

    Me quedo con las ganas de seguir leyendo, Dani.

  3. Jesús dice

    Ezkerrik asko por este retrato tan veraz y bien escrito de la actualidad islandesa.
    Abrazo

  4. Odalys dice

    Sabes?? desde que entre aquí, buscando información de islandia (que me parece in país genial en muchos sentidos) no pude parar de leer todo lo aquí escrito, y llevo horas
    en fin, volveré a pasarme por aqui.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.