Cuatro imágenes para la historia islandesa

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Foto 1: Bahía de Reykjavik 1912. Un alfombra de lomos de bacalao preparados para ser salados cuando antes. Islandia es una escasa colonia danesa de miserables pescadores y ganaderos.


Foto 2: Islandia se independiza en 1944 de Dinamarca y en 50 años pasa de ser la nación más pobre de Europa a la más rica, pujante y desarrollada. La población de Reykjavik y de todo el país se dispara y comienzan a levantar más y más edificios y a alimentar el negocio del ladrillo.


Foto 3: La corona islandesa se convierte en una de las monedas más fuertes y seguras del planeta. El dinero corre a raudales y los islandeses compran los mejores coches del mundo, se van de compras a Paris, cenan una noche en Viena, pasean por Nueva York cualquier fin de semana y se compran casas en la costa española cuando les viene en gana. El dinero brota de la nada como los géisers, los volcanes, las aguas termales y la energía térmica islandesa. El país se convierte en el emblema de la gloria del capitalismo, todo se liberaliza y desregula. Todo el mundo es feliz. Pero nadie se pregunta de dónde sale el dinero: Islandia ni vende energía, ni se hace rica a costa del bacalao como antaño. Los bancos fabrican literalmente el dinero.


Foto 4: En 2008 la economía de Islandia cae como un castillo de naipes. Tal como vino el dinero, desaparece. Se lo traga la tierra. Deja de existir. El gobierno hace un llamamiento a la traquilidad, el país se va al garete pero se llama a la unidad nacional, dicen que no es hora de buscar responsables. Sin embargo, conforme pasan los días y la situación empeora más y más, la gente comienza tomar conciencia de la magnitud de la situación. El país vuelve a aprender cómo levantar la voz, después de 60 años sin organizar prácticamente ninguna manifestación. A las primeras manifestaciones asisten 15 personas, a la última más de 6.000 y consiguen tumbar el gobierno.

En menos de una semana se pasa de las declaraciones perseverantes y bravuconas del Primer Ministro diciendo que aguantará en el poder hasta 2011 a la completa y total dimisión del Gobierno. El presidente de la nación acepta la dimisión del gobierno y de su Primer Ministro. Charla con todos los partidos previendo un posible gobierno de unidad nacional. El Presidente da un golpe de efecto y asegura que uno de los compromisos que desea para el país es una reforma de la Constitución. Se habla de refundar el país. Ésta era una de las propuestas de los manifestantes y los grupos de oposición. Una semana para la historia de Islandia, que todavía continúa en incógnita.

Este es un simple aperitivo fotográfico. Acabo de llegar a Inglaterra con mucho material y exhausto. Muy cansado. Han sido días duros. Todas las fotos están sacadas o en mayo de 2008 o esta semana. La última foto es de la multitudinaria manifestación del pasado sábado.

3 Comentarios

  1. Bravo, Dani. ¿Has leído el reportaje de John Carlin? Sólo unos meses después de retratar a Islandia como el país más próspero y feliz de la tierra, ahora resulta que era una caricatura del capitalismo más tramposo. ¡Ay! ¿Qué tal anda la gente por allá? No creo que Miguel o Antxón sean de los que se ahoguen por esta crisis.

    Creo que hay unos cuantos países temblando, a la espera de ver cuál es el siguiente que decides visitar y mandar directamente a la ruina.

    Y por aquí andamos con un plan de reactivación laboral para periodistas que no cobran (sin necesidad de disfrazarlos de osos equilibristas). Ayer estuve con Josu: te esperamos.

  2. Javi E. dice

    Enorme, eres un loco muy cuerdo. Habrá que preparar una buena cena cuando vuelvas para que nos cuentes esta y otras historias. Agur crack!

  3. Amanuense de la historia contemporánea de Islandia. Esperamos tus relatos.

    Dani, no se puede retratar mejor el capitalismo más duro: “Los bancos fabrican literalmente el dinero”.

    Solemos decir que Islandia ha sido la más rica de Europa, pero creo que hay una confusión. Tendemos a creer que un mayor PIB es sinónimo de riqueza, y no es así. Además de lo que ganamos hay que contar lo que ya teníamos de antes: infraestructuras, cultura, servicios instituidos… acumulados durante siglos.

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