Café Ramuntcho

Deja un comentario
Blog antiguo (2007-2014) / Viajes

Café Ramuntcho

Lo reconozco, soy cafeinómano.
Pero no sólo es una dependencia de la sustancia, sino de la calidad del brebaje del grano de café. Un buen café tiene que tener presencia (que tenga peso), aroma intenso (que no sea un olorcillo vago, no), sabor, personalidad… pero lo más importante es que esté acompañado por una buena cafetería, un buen ambiente, una interesante conversación, una buena lectura, un clima. Una atmosfera, en definitiva. Ahí estoy enganchado. Los cafés no son sólo una pócima excitante y el combustible que mi cuerpo reclama todas las mañanas, sino muchas veces un chute de placer sensorial por esa atmosfera.

Por eso para paciguar y relajar un poco la tensión de todos estos días, me permito recomendaros o rememorar algunos de los cafés que más placer me han causado.

Uno de ellos, el Café Ramuntcho en Baiona.

El Ramuntcho está apuntalado en una calle, la Rue du Pilori, que cae literalmente hacia el Nive (o Errobi), el riachuelo pequeño que riega la capital labortana y trocea en desigual proporción la ciudad: a un lado queda la Grand Bayonne y al otro la Petit Bayonne. La Rue de Pilori se desliza y cae en pendiente hacia el río, como un afluente empedrado, como muchas de las calles de la ciudad que resbalan en fuertes pendientes hasta terminar en la orilla del río. Un río, el Nive-Errobi, que huele ya a salitre a esas alturas, pierde el curso y se amansa, y pega un último retorcijón para revolcarse con el Adour, fundirse, y perder juntos el nombre en beneficio del Océano Atlántico. La Rue de Pilori parece que quiere tirar a los paisanos al río, si uno relajase el cuerpo y se dejase llevar por la corriente que le marcan los adoquines acabaría entre salmonetes y porquerías reflotando en la ría.

El Ramutcho está bien apuntalado, pero tan bien que si su terraza, mesas y sillas se pusiesen fuera de la Rue de Pilori en otra calle, hecha a nivel y sin caída, se representarían como una colección de sillas paticojas y torcidas. No obstante, el café en la mesa también se abalanza hacia el río desde la taza. El Ramuntcho se inauguró allá por el año 1920 y hace honor a la novela del escritor Pierre Loti (seudónimo de Louis Marie Julien Viaud, Rochefort, 1850 – Hendaya, 1923) que con ese mismo título relató las andanzas de Ramuntcho, pelotari y cazador de Ascáin. Loti fue oficial de la marina francesa y un viajero incansable que tras recorrer Asia, la Micronesia, el Pacífico, Índico, Islandia, Turquía y el Oriente deselpolvo la arena de medio mundo de sus botas, se descalzó y se quedó a descansar en la tierra vasca. Pasó de ser militar a quedar consagrado a las letras francesas como académico de la lengua gala.

El café novelesco conserva su aspecto añejo y el caserón estrecho en el que se aloja conserva sus vigas y estructura de madera. Hayas o robles inmortales, tintadas de rojo en la fachada y de brillante barnizado en el interior, que recogen el aroma de los más de 100 cafés y tes que no sólo se pueden disfrutar en el Ramutcho sino también llevar a casa. Para disfrutar a domicilio en tacita y una humeante infusión o café de la esencia de Baiona. ¡Una dosis del Ramutcho, por favor! Así soy, cafeinómano.

P.D.: Estas son la clase de cosas que hago en un fin de semana: Madrid-Soria-Pamplona-Baiona (Francia) y vuelta pa’ abajo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.